🍪 Hace ocho años tuve una crisis que cambió el sentido de mis desiciones, mi foco, para siempre. En ese momento conocí a un amor al que sigo conociendo y encontrándole capas y capas: la astrología.
Llegó a través de otro amor, un ser humano que me mostró y enseñó mucho. Él estudiaba astrología hacía unos años y nuestra primera “cita” fue una lectura de carta natal. Sí, poco profesional, pero ¿qué importa? La vida es impredecible y uno nunca puede saber cuándo se va a enamorar. Ese invierno me enamoré de dos enigmas.
☄ Siendo una virginiana, siempre había tenido la intuición, o la fascinante certeza de que no éramos nada. Como un polvito que flota a la luz del Sol. De que la Tierra es un planeta diminuto, invisible en el conjunto universal.
Cuando era adolescente esta sensación me abrumaba y me deprimía. Hoy también me abruma (¡cómo no!), pero también me conecta con la certeza de que la vida es un milagro, cómo dice Emir Kusturica. Y para hacerle honor, aprovecharla, celebrarla, qué mejor que tener herramientas que nos ayuden a escuchar más adentro, para que fluya el movimiento. Escuchando cuándo hay resistencia, cuando hay aceptación. Observar la propia historia con un poco de perspectiva, con los símbolos a nuestro servicio.
🧺 Mi actual profe del posgrado de astrología tradicional y helenística, la espectacular Hamida, dice que la carta natal personal no habla de la esencia de un individuo, sino del tipo de limitaciones con las que esa alma se va a encontrar para ser quién es. Habla de cómo uno percibe la realidad. Y, si algún día o por algún instante, pudiéramos salir de la neurosis sublunar, estaríamos fuera de la influencia planetaria. Me parece un punto de vista muy acertado, y es el que tenían los astrólogos clásicos. Por eso la astrología tiene como punto fijo la Tierra: es una matemática, una filosofía y un arte que se practica desde nuestro planeta, mirando hacia su barrio, el Sistema Solar.
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El viento
Está yéndose este largo y movilizante mes.
Ayer hablando con @olynegry me contó que con su amiga Lu tienen una especial aversión por agosto, y que averiguaron y varias culturas lo consideran un mes importante para estar atento a la salud y la purificación.
A mi me coincide con el mes anterior a mi cumple, así que nunca la paso muy bien. Es un “tiempo de casa XII”, de introspección, balance, y melancolía.
¿Qué dicen algunas tradiciones latinoamericanas sobre la zona de pasaje leo-virgo, sin hablar de astrología directamente?
La tradición guaraní lo considera un mes largo, impredecible y peligroso para la salud. Las abruptas variaciones climáticas enfermaban a los pueblos y afectaban a las cosechas. Por eso cada primero de mes se toma Carrilum: caña con ruda y limón. Siete tragos en ayunas para lograr una purificación del cuerpo y del alma.
La salud, la herboristería, la purificación son temas muy virginianos.
La cosmovisión andina celebra a la Pachama también el primero del mes, y ese día se hace una limpia, una práctica ancestral que integra la salud física, mental y espiritual. Comienza el uno, pero aplica para todo el mes, durante el cual practican ceremonias para sacar lo que no sirve para afuera y alinearse con la propia naturaleza.
Ese contacto con el centro, para alinearse con el propósito individual, que es parte del gran sistema tierra, es una imagen muy leonino-virginiana.
Muchos otros pueblos originarios sudamericanos recomiendan durante el mes de los vientos sahumar la casa y realizar baños de sahumo personal.
Dicen que cuando el viento sopla fuerte, no solo mueve hojas y polvo: mueve memorias, libera cargas, despierta fuerzas. Barre viejas energías, enfermedades y pensamientos densos. Pero también despierta pestes y se lleva almas.
Estos espíritus que ayudan a liberar, además remueven lo que estaba oculto. Como la mugre escondida abajo de una uña pintadita a la moda.
Los meses de viento son meses donde lo invisible se remueve. El viento es también portador de mensajes del mundo espiritual: escuchar al viento, su dirección, su intensidad, era y es parte de la lectura de los signos de la naturaleza.
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Estar presente en la lejanía me hizo conectar de otra manera con dos artistas que ya admiraba.
Wener Herzog, un virginiano con una curiosidad total por personas expertas y apasionadas en cosas específicas, por ejemplo los vulcanólogos, que estudian a los volcanes. Su Sol cuadratura Saturno ayudó sin dudas a lograr cosas tan imposibles como pasar un barco a través de una montaña.
En la tercer foto, el Bromo, en Pasuruan, Java.
En la segunda, una montaña verde en Pembuteran, al noreste de Bali.
Sebastião Salgado, una luna en leo, con sus fotografías llevó a la luz injusticias y miserias tremenbundísimas que nuestro sistema reproduce y muchas personas ignoramos -o no queremos pensar en ellas, aunque hoy en día esto es imposible-. Conectaba profundamente con las personas y situaciones que documentaba.
También sacó fotos más alegres, sobre todo al principio de su carrera, de comunidades remotas que habitan este planeta tan diverso. A Salgado, como acuariano que era, le apasionaba la condición humana.
En la primer foto, unos niños juegan y traen cosas del almacén en su canoa en Sipora, islas Mentawai, Sumatra.
Estos niños se pasan los días mirando el mar, jugando en el mar y en la arena.
Como dijo Juli "meditan sin saberlo". Como dice mi mamá "y aburrite... hace bien".
Todas las fotos de Indonesia, un país archipiélago que se quedó un pedacito de mi corazón.
Me emociona ver como este collage que soy se va construyendo sin una mente que lo piense. A veces intento definir y forzar que las cosas se conecten, ¡qué alivio que se conecten solas! A su tiempo.
Intereses que tuve por muchos años, como la fotografía, los viajes, la presencia, la belleza, la incomodidad, la antropología (la otredad) acá tienen un poquito de concreción. Voy por más.
No hice publicación para tus 30.
Pero hago para nuestra separación física por unos meses. Pasó un día y te extraño. Ya se me va a pasar... Las primeras semanas son las más complicadas 🐮
Gracias por tanto viaje, tanto desafío, tanta paciencia, tanta velocidad, por reírte de mis chistes y hacer más chistes en los que me quedo pensando. Gracias por esta relación tan mental, pero también física y espiritual.
Sos un grillo que conserva sabiduría prehistórica. Y tu ternura me llena de emoción.
Nos vemos pronto 🫀 con nuevos looks, ideas y pasiones.
Te amo Bernardo 🦎
Cómo me emocionan los puestitos.
Los pequeños localcitos que tienen impresa el alma de sus dueños.
Puede ser un cafecito, una heladería, un restaurantcito con un par de platos, un local de ropas, de artesanías o de productos esotéricos y hierbas. En general los que me emocionan no se entiende bien de primera mano qué son.
¿Qué venden acá? Quiero ver.
¿Qué servicio brindan? Quiero probar.
Hoy fui a un lugarcito así, mágico, en el que cocinaba un señor. Yo era la única clienta y entendí por señas que solamente tenía papaya salad. Yo solo sabía que no había almorzado, eran las 6 de la tarde y algo quería comer, y la papaya salad -tom sum- nunca es una mala idea. Fue lo primero que comí en noviembre la primera vez que vine a Tailandia.
Miré como la preparaba, rápida y lentamente, con técnica y parsimonia, en su mortero. Los camarones secos, el chile (uno solito, pedí hoy, tímida), la salsa de tamarindo, la salsa de pescado, el ajo, el maní, el azúcar de palma. Después agregó con paciencia el jugo de dos limas, el tomate, la chaucha y al plato.
Me pidió que me sentara. Prendió el ventilador.
Me trajo agua con hielo y se sentó a mirar el celu en la mesita de al lado mientras yo degustaba la exquisitez, con repollo y una verdura tipo chaucha que me trajo aparte, en el patio con mosquitos y plantas.
Comí con placer, hasta el juguito del fondo que nada tiene que envidiarle al agua de tigre del ceviche peruano.
Gracias señor con delantal.
Ayer me emocioné también, con otro local en el que pedí Pad Thai. La señora era muy vieja y muy encorvada. Su local era medio feo, venido a menos, pero se notaba que la comida iba a ser rica. Hacía calor así que prendió sus dos ventiladores cuando llegamos.
También prendió el fogón a gas, y se puso a preparar lo que pedimos en sus mesas desvencijadas. El local debía medir 2 x 3 m. Mientras la miraba me daban ganas de llorar, me pareció una representación de la debilidad y de la fuerza al mismo tiempo, haciendo algo que para ella era será muy sencillo pero que para mi es excepcional, comer un pad thai preparado por una viejita thai, en un barrio de Chiang Mai, por dos pesos con cincuenta.
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En Bali, Indonesia, la primer luna nueva del año da comienzo al Año Nuevo. Me hace mucho sentido, en astrología medieval, la Luna Nueva progresada siguiente a tu nacimiento es un acontecimiento importante, y tiene que ver con el inicio de un camino propio, original, sin tanta carga familiar.
Ese día se celebra Nyepi, o día del silencio, un día sin trabajo ni placer en el que se corta hasta la señal de teléfono. Es un día entero en el que la isla se dedica a la contemplación y la meditación, y nadie, ni los turistas, puede salir a la calle.
Pero en la víspera, en el desfile de Pengrupukan, merodean los Ogoh Ogoh: unos demonios enormes. Los balineses pasan más de treinta días contruyéndolos y pintándolos con esmero. Cada comunidad hace entre tres y cinco ogoh oghos (más peques y más grandes según la edad de los chicos que los fabricaron), y este conjunto tiene una historia, un mito, detrás. Se realizan representaciones en las calles, muy teatrales, con fuego, electricidad, ruido y muy largas. La historia a veces se relata por altoparlante, en indonés, por lo que no entendí un pingo.
Hay compentencias de quién hizo el mejor ogoh ogoh.
Y al final, ¡los queman a todos! Todo el trabajo y la creatividad, al fuego.
Sacan a los demonios para afuera y les piden que se vayan. Por eso al otro día no se puede prender la luz, ni ningún fuego: para engañar a los demonios, piensen que no hay nadie en la isla y se vayan.
Es un día de limpieza en todos los sentidos.
¿No es hermoso? Esto es parte de su religión y forma de vida, el hinduísmo balinés. Una tradición llena de alegría, colores, y rituales visibles e invisibles.
Había viento del norte y lluvia del sur y todos estaban muy excitados por el buen surf
Intenté nadar pero había mucho swell
A mí no me importa si la ola rompe linda o fea pero me contagiaron la alegría
El agua es como el fuego pero destruye más lentamente
Hoy oliendo la espuma del mar me acordé de los veranos en Brasil. Huele un poco a gas
¡Qué vivo vivir cerca del mar!
¡Qué lindos amigos que hay!
Nadar, ranchar y volver a bailar
Rocas prehistóricas, vientos ozónicos, ideas de la estratósfera y los dedos de los pies abiertos
Ayer hubo un eclipse. Yo no se vos, pero yo lo sentí. Activó mi venus en casa IV, el planeta de lo que me gusta de los otros en la casa del hogar. Por signos enteros sería en casa V, la casa del disfrute.
Tuve terapia en mi punto, en el estacionamiento con mi sillita plegable y la lámpara de camping. Siempre que decía la palabra “hongos” la comunicación se cortaba. Empezó a llover y tuve que moverme abajo del techo. Estamos en un desierto y el agua del cielo es cosa improbable. Después de terapia fui corriendo a cenar, antes de que cierre la cocina a las 21. Berni había cocinado un guisito muy rico con tempeh comprado por mí y papas y batatas que se encontró en la calle. Estábamos en el hostel (ak “bakis”) cenando con Berni, Ashlyn y More. Compartiendo el guisito, una sopa de champis y pollo taiwanesa que hizo Ashlyn -mi cocinera favorita de Coral Bay-, y pizza con papas fritas del restaurant dónde trabaja More.
Había unas personas que nos miraban desde atrás de unas macetas, unas huéspedes, parecían títeres de dedo atrás de un teatro de títeres. Las mirábamos. Nos miraban. No parecía importarles que nosotros supiéramos que nos observaban.
Después de un rato vinieron a sentarse al lado nuestro y nos contaron que se habían quedado varadas en la ruta por qué habían cortado el acceso al Sur. Resultó ser que hablaban mandarín, como Ashlyn. Nosotros estábamos en pleno delirio nocturno, suele pasar que estamos blandos y parecemos drogados a esa hora, después de un día largo de trabajo y sol. Les contamos que estaban varadas en el mejor lugar en el que podrían haberse quedado varadas, y nos contaron que no habían venido antes al pueblo. Yo les dije que nunca iban a poder salir de acá con vos tenebrosa.
Una cierta nostalgia adelantada me invade. Cuando le deseé unas “晚安” a @pei_chuan_ respondiendo a su increíblemente pronunciado “buenas noches”, me di cuenta de que ese ritual de cada noche era especial y lo iba a extrañar.
También que More nos toque la puerta y no espere al “pase” para entrar. Las risas de helio que nos invaden como si fuéramos hermanitos chiquitos con los vecinos del hostel.
Hablar mitad inglés mitad español con @lelena__east , acoplándome a su 👇
Feliz cumpleaños a mi bro sensible y fatal. La persona que me ama con crueldad animal desde Blockbuster times.
Te extraño , te festejo y te quiero profundo, áspero, suave, tribal.
Miguel Mikel Mike
@m.m.barbosa
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Unos vídeos de por los '18