Tinta Negra: diez años de hacer libros desde el sur del mundo.
Hace una década, Estela Morales (
@elfuturonoexiste ) fundó Tinta Negra (
@tintanegramicroeditorial ) en Santiago con una pregunta sencilla y poderosa: ¿qué pasa cuando el libro se convierte en objeto, en experiencia, en extensión de las artes visuales? Lo que comenzó como un fanzine —Estudios del paisaje I— se transformó en una microeditorial con más de 15 publicaciones: fotolibros, poemarios, libros de artista, libros objeto. Hoy la editorial la integran Estela y Martina Pedreros (
@martinalapedrera ) desde Valdivia, ciudad de los nueve ríos, y opera en el corazón de Club de Estampa, una cooperativa de trabajo de ocho mujeres y disidencias que fusiona taller gráfico, imprenta RISO y red de cuidados.
Este año, además de celebrar su primera década, proyectan lanzar un archivo sonoro que amplíe el universo de sus publicaciones —porque el libro es un soporte, pero no el único— y publicar nuevos títulos, buscando siempre esa “suralidad” que no se limita al sur de Chile sino a cualquier periferia del mundo.
“Las expresiones artísticas son espacio de expresión, denuncia, transformación y, sobre todo, de construcción de memorias.”
Hoy lunes en nuestra sección #NoséPorQuéLoHago, Josefa Vecchiola Gallego (
@terriblevecorta_ ) indaga sobre las razones y los derroteros detrás de la microeditorial Tinta Negra.