En Kom Ombo, la arquitectura cumple un acuerdo tácito para la convivencia de Sobek y Horus, dos dioses que aparecen en rituales y relieves. Entre ellos se entremezclan instrumentos médicos, partos y tratamientos. Como si hubieran dicho: “Vale, honramos a los dioses, pero mientras tanto la gente sangra, nace, se rompe”. En Kom Ombo, lo divino se instala en el dolor que se disipa, en la fuerza que empuja un parto y en el miedo que se enfrenta.
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