El viernes pasado al hablar con un amigo muy querido, conversábamos de cómo habíamos vivido los últimos meses.
Pensé, en cómo este año fue de caída: de expectativas, de ideas, de “certezas”, de fantasías, de amistades, de sueños, de planes, de formas.
Esto, se lo describía como si se me hubiera caído algo que había creído que llevaba muchos años construyendo. Una especie de, ¿hogar?, ¿identidad? No lo sé.
Al paso de los días, esa misma idea de caída me hizo pensar en el valor de la caída libre. En cómo en esos momentos de suspensión, de repente, muchas otras cosas fueron posibles. De cómo en la despedida, llegan saludos. De cómo el vacío no es falta, es también espacio para.
Y en esa caída, el reconocimiento de todo el sostén que hubo. Se cayó mucho, pero se afianzó muchísimo también. De nuevo una certeza: el amor es expansivo, es libre, no es condicionado, se transforma y siempre llega a ocupar los huecos.
Que la vida es muy vasta. Que hay tanto que espero que mis ojos logren ver al menos un poquito.
Ha sido tiempo de contrastes. De conocer luz y de conocer obscuridad. De reconocer en las profundidades aquello que me compone, condiciona, constituye.
De verme en muchos espejos desconocidos, de encontrarme en reflejos que no había mirado jamás. De escuchar, escuchar, entender, entender. Respirar, abrazar.
De seguir, de parar, de movimiento, de movimiento que avecesienquevamuyrápido y a momento muy, muy lento. De nuevo, contrastes. Y de nuevo, movimiento.
De los contrastes, aprendizajes. De los aprendizajes, profundidad. De la profundidad literal y metafórica, aprendizajes.
En repetición: a la templanza, paciencia.
🦑🌊🗻 ¡Lxs exploradores de National Geographic Society en México nos sumamos a exigir que se detenga el proyecto Saguaro! 🛑⚠️
Este megaproyecto representa una grave amenaza para las ballenas y especies únicas del Golfo de California, y tendría consecuencias climáticas y ambientales catastróficas. No hay justificación económica que valga la destrucción de nuestro planeta.
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Compartir aquello que amas, para que otres aprendan a amarle también, me parece una de las más grandes expresiones de cariño.
Conocí a Marimar (@marbajoelmar ) hace poco más de cuatro años. Lo primero que me atrapó de ella es fácil: su amor al mar.
La última vez que buceamos juntas, mientras la seguía (y es que la he seguido incontables veces dentro y fuera del agua), no pude evitar pensar en cuántas personas había impactado ese cariño que comparte.
Quienes la hemos conocido, no podemos negar su cualidad magnética, existe algo de cómo ve el mundo que nos hace querer verlo a través de sus ojos. Y que sin importar si nuestros caminos siguen unidos o no, su mirada habrá dejado su marca.
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Aquí la sigo en El Morro, Jalisco.
Hace unas semanas mientras leía, llegué a una idea a la que no he dejado de darle vueltas. Va más o menos así: aquello que nos hace crecer en espíritu, es la capacidad de interesarnos y de generar un vínculo con algo que excede nuestro cuerpo.
A esto el autor le llama zarcillo, mismo que ejemplifica perfecto esta conexión que nace, se nutre y crece 🌱.
“Cualquiera que sea la clase de objetos que produzcan estos vínculos -ya sean las estrellas que brillan en los cielos o los musgos que forman una alfombra verde sobre la cara de una roca- debe ser tratada con el mayor afecto y respeto, con reverencia incluso, porque hace que nuestro espíritu crezca más allá de nosotros mismos (…) estos zarcillos, estos lazos de conocimiento, de amor y de simpatía entre nosotros y lo que es bello, amable y verdadero en el universo que nos rodea, forman en efecto una cinta florida que nos ata a la tierra.
(…)
Cuanto más se han extendido, cuanto mayor sea su número y cuanto más variados son los objetos a los que se han adherido, más nos hemos acercado a la naturaleza divina que lo alcanza y abarca todo”.
Pensaba entonces que claro, que aquello que nos resulta más vital y nos conecta al aquí, al ahora y finalmente con otres e incluso nosotres mismes, es una especie de serie de brotes que termina por conectarnos con el todo.
Después de esto, he intentado de manera mucho más consciente preguntarme por mis zarcillos, ¿cuáles son aquellos que me resultan esenciales?, ¿cómo procuro y cuido de ellos?, ¿lo hago desde el amor y el respeto?
Me encantaría abrir la plática y conocer de los suyos, cómo les cuidan y cómo se integran a su vida diaria. Me gusta pensar esta idea de un entramado de zarcillos que se conectan fuerte 🌱
Lectura:
“Reflexiones de un observador de aves” Alexander F. Skutch, 1946.
Llegué a este título por la edición de @editorial_voyria
Tormenta solar.
Qué locura poder presenciar un evento así.
Recuerda lo vasto, inexplicable y sorprendente de este mundo y con esto, y la fortuna que es vivirlo.
Esto lo presenciamos dentro de la Reserva de conservación de Torres del Paine en la Patagonia chilena, sin palabras para seguir agradeciendo por esta experiencia @santiagowildfest | @laderasur
Aprendí que a la luna llena no debemos pedirle nada. Observarla, y desde la calma, sentir.
Sentaditas juntas, no tenía nada que pedir. Presenciar, eso era todo.
Días siguientes, leí:
“Lo indecible, esa sensación de estar frente a un todo, de poder sentir la fuerza y lo inabarcable del mundo, está marcada por el silencio”.
En muchos momentos de la vida siento que regreso a un aula. Ahí cuando no me queda más que observar y escuchar. Donde una se permite llenarse los ojos con lo que se mira, con la idea que algo así exista me resulte inconcebible.
Veracruz | Hyalinobatrachium viridissimum
Me he preguntado qué significa mirar con ternura, y si es que esto significa mirar con delicadeza. Si es hacerlo desde el silencio y la escucha con todos los sentidos.
La cosa es que me pregunto si cada momento debería de abordarse así, y es que hemos visto tantas cosas que es imposible ver desde la ternura, que cuesta no hacer el ojo rígido.
Momentos como este, me permiten no hacerme rígida del todo, ablandarme y abrazar tantísimas otras cosas que existen por hacerlo, por observar desde la calma, la paciencia y sobre todo, ternura. Mismo que seguiré descubriendo que significa.
Siento que he mudado de piel al menos una vez por mes desde el año pasado. Que me he escamado, secado, resquebrajado y pegado más rápido de lo que me había sucedido jamás.
Los surcos en mi piel se hicieron más prominentes, así como todo en mí. Desde el SOP que me hizo cuestionarme todo, hasta una nueva búsqueda espiritual aún inconclusa, las preguntas y cicatrices se han anidado una a una en mi.
¿Quién soy yo? No lo sé más. Quizás lo prefiero así. Y si he de pensarme, que sea con una sonrisa curiosa, porque no me queda más que experimentarme de esa manera.
Recordarme así a los 29: con dudas, con curiosidad y sin respuestas, sobretodo sin respuestas.
Cuando los tiempos son convulsos y no logro sentir mis pies anclados al suelo, recurro a estos momentos que me inundan de ternura.
Momentos que me recuerdan que más allá de lo que experimento todos los días, formo parte de un engranaje más inmenso de lo que podría comprender jamás. Que este cielo, que esta luna, es la misma que han visto tantos seres antes de mi, y que lo verán tantos más, más de los números que conozco. No soy inicio, ni fin. Un pequeño acto solamente. Ahí encuentro cobijo.
En Guadalajara la temporada de lluvias aún no llega. Percibo más colores secos, hermosos también, en la antesala del verde.
Bajo una increíble consigna de @iarakremer , volví a mirar hacia abajo. Mirar de nuevo lo que muchas veces se mira con prisa, sin mucho reparo. Como muchas veces pasa, la belleza está ahí, en lo quieto, en lo silencioso, en lo cotidiano.
Me es imposible pensar que estas formas de un guamúchil, no son menos que perfectas.