Que brillar no suponga ningún esfuerzo.
Ninguna demostración de la verdad.
Entre la fugacidad de la belleza y la presencia del día a día, tengo miedo.
Pero las flores brotan sin la intención de ser vistas.
Entre el brillo y la ausencia, ¿Cómo puedo diferenciar entre el miedo y la intuición? ¿Qué hacemos mientras esperamos? ¿Cómo cubrir el hambre de la seguridad ante la incertidumbre sin promesas compartidas? Que es la espera sino un impulso, una acción donde el gesto busca la esperanza de lo que puede ocurrir, de la belleza que está en nuestras manos pero no palpita, ¿no? Necesito recordar el amor que tengo bajo las luces de Bangkok ✨
Días cálidos, sosegados y sintiendo la fugacidad.
Mi abuela está más limitada y siento sus pasos más lentos. Celebramos un año más.
Tengo en el pecho un nudo, debajo del esternón y gracias al sostén, siento que existen más lugares donde el bienestar tiene una presencia y un espacio. La fotografia me recuerda la belleza y lo quiero compartir ❤️ Retales de un verano que no ha acabado.
La calma y su espera.
Entrego todo lo que sé a la verdad de la luz sobre los árboles.
La tierra mojada y su olor fresco, recorren el cuerpo en la noche descubierta.
Sentir la calma es un acto genuino sobre cada escalera de trigo.
Me enredo sobre la entrega del bienestar y mezco mi peso sin necesidad de esfuerzo, como el brillar, no es ninguna demostración de la verdad.
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Os dejo mi reflejo y los colores sobre cielos imposibles ✨
La certeza. La espera. La entrega.
En ese orden ✨
Un pequeño recuerdo de Burdeos, Paris y la casa museo de Monet.
Me siento en un estado floral esta primavera 🌼🌸
Para mi padre✨
Dices que los cangrejos y las golondrinas regresan con la llegada del buen tiempo, incluso se han visto nutrias en el rio.
Te respondo con el impulso del deseo para que sea cierto y nos reimos.
Entregarme a la calma es un balanceo en el que quiero vivir.
Tenemos la voz limitada por la inclinación del paseo y te confieso que el movimiento de los árboles y de las nubes, me ofrecen seguridad cuando tengo miedo.
Suspiras cada vez que te pido silencio porque no soporto la prisa entre montañas y cielos, imaginandome el mar.
Hablamos sobre la protección de los jabalis y tratamos de descifrar por qué algunos eucaliptos tienen tres colores.
Observamos las últimas setas y tengo dudas de mi capacidad de seleccionarlas sin ti.
Compramos dos botes de miel y tenemos docenas de huevos y pan sobre la mesa.
Intento alcanzar la vista sobre unas nubes de color rosado pero sin éxito por la altura de los pinos.
Me enseñas un lugar secreto llamado "el valle encantado" y me hace feliz pensar que solo tú lo sabes todo sobre este lugar.
Me gusta estar contigo y aprender de ti.
Volveré a confiar porque no hay nada malo en mi.
Cierro los ojos y veo flores.
Buenas noches.
Parte I. La habitación de la casa donde crecí.
El brillo del sol reposa en mi mejilla derecha y el tímido hoyuelo cercano a mi boca, muestra su presencia.
Intento no abandonar esta imagen.
Mientras mi madre abre su armario, comentamos los colores de su ropa y las camisas que están pendientes de estrenar.
Elijo la luz de esta habitación como un lugar cercano a la belleza.
Las cortinas caen acariciando al suelo y el abrazo cálido se desliza hasta el pasillo.
Habitar este espacio se convertiría en duelo si dejara de existir.
Parte II. El salón de mi abuela.
Los colores rosados construyen un anhelo en cada visita.
La esquina donde residen los recuerdos de toda la familia.
Observo el matiz de la combinación perfecta y de la calma de tus detalles, abuela.
En cada despedida, te abrazo en la puerta observando el final del pasillo. Donde alcanza la vista, identifico tu habitación, esperando con fuerza un fugaz movimiento del abuelo que no llega a suceder.
Estoy llorando por la pérdida que aún no ha llegado y tú no lo sabes.
Siento con la importancia de cada palabra, que me moriré solo al pensarte.
Acariciar tu cara, como acto del amor más honesto jamás conocido.
Tendréis mis manos, siempre