Querida Carmen,
estoy escribiendo un libro afilado. Es otra manera de poder controlar mi realidad. Aunque no sea verdad, sí es real. Cuando escribo, retomo el poder de lo incierto. Dejan de bailar tantas palabras en mi cabeza.
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Ojalá sea maleza lo de tu rostro
y no maldad, golondrina.
Así de una vez,
podaré la voz que no me dejar brotar.
En vez de pronunciar de nuevo
la misma pregunta:
¿Dónde está tu tierra?
Te cuestiono con la mirada blanquecina mientras oxígeno las raíces de mi guerra
en otros huecos.
¿Dónde está tu tierra?
Me pregunto ahora a mí,
la que había nombrado hogar
a los tejados de un laurel
que siempre sueña.
¿Dónde está tu tierra, querida?
Irónica te maldigo,
mientras entierro mi placenta
en tu cuerpo
y aún con latido
también la sangre impecable
de mi nuevo vestido.
¿Dónde está tu tierra?
Te pregunto,
mientras nazco de nuevo de mi vómito.
Dime, dónde están tus alas
ahora que la perfección me cose la boca
y recuerdas en cada ceremonia
el indecible amor que jamás
logra tener forma.
¿Dónde está tu tierra?
Insisto,
para llevarme a la boca el musgo
que recordé que posees.
Aún hoy
viven las cremalleras de mi piel abiertas.
Para que entierres tu cuerpo en mí
de vez en cuando
igual que la primavera;
que se llevó
el vacío al pasado,
y que ahora yo
invoco de vuelta.
Estos dedos
no has dejado de indicar
por donde se rellenan mis almohadas.
No te sorprendas,
porque conoces mejor que yo
mi propia cartografía
y recuerdas exactamente
por dónde se parte este puto puente
hacia el invierno.
Ahora pregúntame tú y después vuela:
¿Donde está tu tierra?
-En el espacio que queda
cuando sin posarte en mi boca
me inhalas el alma
sin que hagan falta
más besos.-
ayer nos invitaron a tocar en un acto muy especial en Argelager y después quisimos grabar la canción que elegimos pero no fue tan facil, menos mal que Alba apareció para llevarnos a l’Era y compartir con su acordeón
Sin miedo ya disponible en #youtube con visualizer de perritos, gatitos y fuego
Gracias a todas las personas que me habéis acompañado hasta aquí. Sabéis quiénes sois. Sabéis lo importante que es esto para mí.
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Por fin he visto como salías de dentro de mi, cariño
como los perros se comían tu placenta
y los restos que quedaban,
se retorcían como serpientes a punto de volver a darte a luz,
en una espiral infinita hasta curarme.
Ahora estoy preparada para matarte,
para acompañarte en esta muerte
que pudre tu corazón como un beso de obsidiana.
Lamo los cráteres de tu piel putrefacta como si fueran algodón de feria
y solo sabes balbucear mi nombre y llorar,
pedirme perdón
ponerle palabras al silencio de estos últimos 32 años.
Ahora entiendo que la semilla de tu sexo llegó para abrirme el pecho,
para aparecer como orador del dolor de tu infancia
y recontar contigo los lápices de colores que te faltaban.
Te ha llevado demasiado trabajo recuperarlos
y ahora entiendo porque solo tenias tiempo
para clavarnos, afiladas, las puntas de tu lapicero rojo.
Rojo vómito.
Rojo sangre.
Rojo que duela el dolor que habita en ti.
El ojo de mi entrecejo se cierra
para protegerse de la fuente que escupe la herida de tu vientre.
Ahora puedo ver
la mascara de detrás de tu máscara
y de mi máscara
y de la máscara que aparece tras caerse
y la siguiente
y la que viene después
la que siempre estuvo
y no me atrevo a quitarte
por miedo a quererte.
Estás tiritando de miedo y solo quieres que te cante
tu cuna está vacía de abrazos
y tu querida Carmen vuelve a estar pegada a la máquina tragaperras del antro de abajo
tienes hambre, frío y añoranza de algo que sabes que te mereces
por eso pusiste en mí esa semilla.
He aprendido por los dos y por eso ahora me duermo en tu frente
para que te mueras durmiendo tranquilo.
No estoy sentenciando tu muerte
pero algo me dice que ya está pasando
no vas a volver a estar solo pequeño mirlo
hoy he visto las cigüeñas del final del verano
trayendo todo el amor que ahora sí me atrevo a darte.
En el cuento de esta noche ya tengo los protagonistas.
No te mueras antes de que te los presente:
Hoy he visto una serpiente
una cigueña
y una rana.
Ahora puedes marcharte
que yo ya sé cómo volver a parirte.
Me pides que te avise cuando llegue a casa.
Y despidiéndome de ti
se fuga la llave
y mi brazo izquierdo.
Corre tras la cuchara de madera de mamá
que nunca imaginé
que mañana prepararía el San Pedro.
Algo roza mi garganta
y se descuelgan los cuadros de madera,
para por fin pintarlas blancas:
Las flores, las paredes
y las sábanas.
Me pides que te avise y se me olvida,
porque me ha calado la creencia
de que siempre fui yo mi casa.
Qué mi cuerpo es la arquitectura perfecta,
la que siempre sostendrá la grieta,
el hambre,
la extraña sensación
de echarme de menos siempre.
Que te avise.
¿Que te avise para qué?
Si tú ya no eres tú
y yo nunca he querido destetarme de tu mano.
Te odio y te amo,
de eso si te aviso,
mientras me coso la entrepierna
demostrándome
que mi mapa ya no se llama deseo,
ni remolque
ni ventana
ni suspiro
ni caricia
ni garganta.
Que te avise cuando llegue.
¿Y si mi niña llora?
¿Y si la casa no aparece?
¿Y si me quedo en un paseo eterno con los perros,
y nunca llego
y me buscan los gatos,
los árboles
y el olor de la tostadora que otra vez se quema?
Que te avise cuando llegue.
Pero si yo siempre me estoy yendo,
a la vez que entierro mis manos y pestañas
bajo tu vientre
tu escudo y tu aliento.
Que te avise,
como si ya no fuera tarde
y tú aún estuvieras despierto
para leer mi mensaje.
Que te avise,
si ya te intuyo dormido
asomado a todos los caminos
que no llevan a mi casa.