A menudo me pregunto por la materia. No de una forma abstracta, sino visceral. Hay algo en mí que se obsesiona con ella, que necesita tocarla, desmontarla, llevarla hasta el límite, hasta que no quede nada reconocible. Como si solo así pudiera entenderla de verdad. Amo los materiales. Siempre los amé. Desde pequeña sentí una fijación muy clara por los componentes de todo, especialmente cuando se trata del textil.
Me gusta descomponer tejidos, destriparlos sin culpa, averiguar de qué están hechos, cómo se sostienen, qué pasa si los llevo más allá de su función original. Hay algo casi adictivo en ese gesto. Conocer la materia me hace sentir cerca de ella, menos ajena al mundo.
Siempre quise estudiar algo experimental sobre las materias, a día de hoy sigo pensando mucho en ello…. Imagino una escena idílica, un laboratorio solitario, casi científico, incluso de investigación. No sé si por el deseo de descubrir nuevos materiales y o el hecho de ser la creadora de algo que no existía antes, quizás sea una necesidad absurda de querer acapararlo todo sin saber nada del todo. A veces pienso que es eso último. Que no va de dominar, sino de perseguir algo inabarcable.
Hay una pulsión rara ahí, más profunda de lo que parece. No es solo curiosidad técnica. Es una necesidad de ir al fondo, de romper la superficie, de entender cómo las cosas llegan a ser lo que son.
Siempre me imaginé creando cosas inexistentes. Materiales que aún no tienen nombre, texturas que no sabemos describir, objetos que no responden a una función clara pero existen igualmente. Como si al inventar nuevas materias pudiera responder, aunque sea un poco, a esa obsesión que me acompaña: la de tocar el origen de las cosas.
🪦 este es el molde de silicona que creé para la caracola de
@fluxaeterna_ . Este molde contenía durante varios días el mortero hasta que me permitía desmoldarlo e incidir con metales sobre ella ⛏️⛓️💥