De chica crecí leyendo a escondidas el libro de Duendes y Hadas de mi hermana.
Me acuerdo que me daba miedo porque habían dibujos de duendes, hadas y seres de todo tipo, algunos buenos y otros demoníacos, con formas juguetonas o desorbitantemente grotescas. También me frustraba porque sabía que nunca me iba a encontrar con uno, todos vivían en bosques y pueblos lejanos, remotos en el mapa de mi corta edad.
El libro desapareció y con el libro, esos sueños. Hasta hoy.
Hoy conocí uno de esos lugares.
No lo supe enseguida. Sino hasta que ellos susurraron mi nombre.
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Pd: en la 3 el tronco está flotando.
Pd2: las casas tienen nombre.