Ella se llama Rita y muchos ya la conocen, es amiga de todos, le encanta la playa, el pasto, salir a caminar, ver gente y siempre tiene una sonrisa para todo. Muy exigente con la comida, pero se lo merece eso y mucho más. Ha estado conmigo en las buenas y en las malas y me da una compañía inigualable.
Han habido momentos en los que siento que el mundo está al revés, que la vida es dura, que no sé cómo le voy a hacer para salir adelante, y volteo a verla. Me mira con esos ojos que dicen: “aquí estoy contigo, siempre vas a contar conmigo, no estás solo”.
Me fascina comprender los procesos de la selección natural en seres vivos y sigo sin entender cómo una especie logró la empatía perfecta, el sacrificarse y dar todo por otra especie completamente distinta. En nuestra cultura hablamos de cómo un individuo se sacrifica por los suyos, pero estas criaturas con patas y cola lo llevan a un nivel más allá: sacrifican a su especie completa por otra que a veces los trata mal, y aun así lo siguen haciendo. Soy una persona agnóstica, casi atea, que disfruta ver cómo funciona la evolución, pero si algo me hace dudar de lo divino es esa lealtad que sobrepasa especies y lo entrega todo por nosotros.
Y quiero aclarar: Rita está bien, solo quiero darle un reconocimiento en vida, porque se merece todo