Veo la cama donde dormíamos juntas cuando éramos chiquitas y me acuerdo de quedarnos hasta las tres de la mañana riéndonos a escondidas para que mamá no se entere que seguíamos despiertas. Veo al abuelo esperándome sentado y tratando de silbar para saludarme cuando llegábamos a tu casa. Veo los sillones con los que jugábamos a “choza” y el patio donde nos sentábamos mientras vos ponias tu música alemana por la radio. Me agarrabas los piesitos y los ponías sobre tu falda. Te veo en las fotos y en la casa. En la aldea y en la manera en la que todos te conocen y recuerdan. Te veo en mamá y en su carácter fuerte y trabajador. Te veo cada vez que me pinto las uñas o juego al tutti frutti. Cuando cuento en alemán o escribo una carta a mano. Cuando pedimos helado y elegimos un sabor con algo crocante sólo pienso en cómo te hubiese gustado. Pienso en vos cuando como apple crumble o si escucho a alguien tararear una melodía.
Te amo nona, y espero poder vernos nuevamente algún día.