Uno que no pide permiso, no baja la intensidad, juega con fuego, no juega a ser correcto… juega a no conformarse jamás. Uno que nunca se satisface del todo… porque siempre quiere más. Si el mundo arde, no se esconde… busca refugio en el ruido y sigue. Si algo brilla demasiado, lo oscurece… lo lleva a su terreno. Y cuando todo parece apagarse… alguien tiene que encenderlo otra vez. Sabe que el tiempo está de su lado… pero no sabe quedarse quieto. Lo empuja, lo acelera, lo hace explotar. Y a nosotros también.
Yo sé que acá a todos nos gustan los cómics, los fanzines y toda esa cultura DIY que se arma con las manos manchadas y la cabeza en llamas. Así que acá les dejo esta versión en tinta. Porque antes del color está el pulso, el trazo crudo, la línea que se banca sola. Todo arranca en negro. Después, si quiere, explota. Y si no, igual ya dijo un montón 🖤
/ I know everyone here is into comics, fanzines, and that whole DIY culture built with stained hands and a head on fire. So here’s this ink version. Because before color, there’s the pulse, the raw stroke, the line that stands on its own. Everything starts in black. Then, if it wants to, it explodes. And if not, it already said a lot 🖤
Muchas gracias @rollingstonear 🖤
Que lujazo y que inmensamente emocionante es esto.
Y gracias en particular al increíble @martinsanzano , me quedaría mil horas charlando con vos.
Pueden leer la nota acá /arg-pearl-jam-disenadora-argentina/
Cuando “la suerte” depende de vos, la moneda deja de existir. Queda apenas como un ruido metálico perdido en el piso, una coartada para los que necesitan creer que todo pasa porque sí. Pero hay otros que no miran al cielo buscando señales: miran las cicatrices, el barro pegado en los botines, el peso invisible de una camiseta que guarda victorias viejas y derrotas que todavía arden bajo la piel. Ahí, frente al vértigo, no se espera al destino; se lo desafía. Se sostiene la mirada de cualquier situación que la vida presente, se llena el pecho de aire y se avanza aunque tiemblen las piernas. Porque la gloria nunca cae del azar como una moneda cara arriba: la gloria se arrastra, se empuja con los dientes, se construye en silencio, lejos de los focos y de los aplausos. No nace de la suerte sino del carácter; no viene escrita, se decide. Y en los momentos que de verdad importan, nadie sortea nada: se entra a jugar. El que sabe eso no espera que ocurra. Va y lo provoca.
Artaud decía que vivir no es otra cosa que arder en preguntas. Y quizás la mente humana sea exactamente eso: un territorio incendiado por la necesidad incesante de comprenderse a sí mismo.
No somos una unidad indivisible, sino una arquitectura de niveles mentales, capas de conciencia que conviven, colisionan y se contradicen constantemente. Dentro de ellas habitan pensamientos materializados; presencias ambiguas suspendidas entre la percepción, el conflicto, la memoria, el deseo de huir y la necesidad inevitable de reconstrucción. Cada plano interior conserva sus propias ruinas, sus propios recorridos incompletos, sus escaleras interrumpidas y sus laberintos sin centro.
La obsesión por el tiempo atraviesa silenciosamente toda la estructura. Los relojes rotos no hablan únicamente de horas perdidas, sino de la imposibilidad de ordenar la experiencia humana dentro de una línea comprensible. La conciencia no avanza de manera recta: vuelve, repite, se fragmenta, se hunde y emerge una y otra vez sobre sí misma. Como el agua que divide la superficie de lo profundo, existe siempre una distancia entre aquello que mostramos y aquello que apenas logra mantenerse a flote dentro de nosotros.
Todo ocurre simultáneamente dentro de la misma mente: la contemplación y el derrumbe, la desesperación y la lucidez, el impulso de escapar y el deseo feroz de encontrar significado. Y sin embargo, incluso allí —entre el ruido mental, las preguntas sin respuesta y las estructuras internas quebradas— persiste algo profundamente bello.
Porque hay belleza en sentir. Belleza en la intensidad, en la sensibilidad y en la complejidad de habitar una conciencia que nunca deja de buscarse a sí misma. Y quizás sea precisamente esa capacidad de arder, incluso en medio de la incertidumbre, lo que nos recuerda que seguimos vivos.
@pearljam@hardrockcafe 🩵
Una oportunidad enorme de trabajar con una de mis bandas favoritas y unir tres mundos que forman parte de mí hace años: la música, el arte y el skateboard.
Hay algo muy especial en poder transformar canciones, energía e identidad en una pieza que también vive en movimiento, en la calle y dentro de la cultura skate.
Muy agradecida de haber sido parte de este proyecto ❤️🔥
Crear no es construir, es incendiarse: meter las manos en el barro eléctrico del proceso, dejar que el error te nombre, que el caos te dicte, que la intuición, esa bestia sin domesticación, te arrastre por territorios donde el mapa siempre llega tarde. Hay algo profundamente punk en eso, en sabotear la idea de control, en hacer del derrumbe un lenguaje, en gozar el ruido antes que la forma. Pero terminar una obra… terminar es velarla: es mirar ese cuerpo que fue pulsión y ahora es objeto, es aceptar que una versión tuya queda atrapada ahí, como un insecto en ámbar, mientras vos seguís mutando. Hay belleza, sí, pero también hay duelo, porque cerrar es perder; y sin embargo, en ese vacío que queda (ese hueco vibrando) vuelve la pregunta, vuelve el hambre, vuelve el impulso de romper todo otra vez y empezar, como si nunca hubieras sabido cómo hacerlo.
Mis espadas en la batalla siempre, los @poscaargentina 🖤
Un tipo que nunca pidió permiso y aun así terminó definiendo el sonido de una era. Hay algo en su forma de estar —entre la elegancia rota y la ternura áspera— que te desarma: te recuerda que lo que queda no es lo perfecto, sino lo que arde, lo que respira, lo que deja una marca imposible de borrar aunque el tiempo pase por encima. Y cuando todo se apaga, cuando ya no quedan luces ni aplausos, todavía persiste ese pulso —mínimo, indomable— que sigue diciendo que la música no muere: se transforma en memoria, en piel, en algo que te acompaña para siempre.
A veces uno cree que necesita respuestas, certezas, formas claras… pero en realidad lo que late más fuerte es otra cosa, más cruda, más visceral: “no siempre podés obtener lo que querés, pero si lo intentas, tal vez obtengas lo que necesitás”. Y entonces el arte deja de ser un resultado para convertirse en un tránsito, una especie de deriva hermosa donde perderse también es una forma de encontrarse. Como si en el fondo hubiera una voz suave recordándonos que “el tiempo está de mi lado, sí lo está”, y que no todo tiene que resolverse ahora, que también hay verdad en lo que madura lento, en lo que se comprende después, incluso cuando la obra terminó.
Quizás por eso hay algo profundamente íntimo en crear, como si cada obra fuera una confesión disfrazada, un susurro que dice sin decir. Y en ese acto casi silencioso, donde nadie aplaude y todo es interno, aparece una forma rara de verdad… esa que no se explica, pero se siente, como si por un instante todo encajara sin necesidad de entender por qué. Porque en el fondo, todo gesto artístico es una conversación con uno mismo, una manera de mirarse sin filtros y bancarse lo que aparece.🎨✨
A veces es como si el tiempo se desdoblara un segundo y todo encajara. Esto no es solo una firma. Son dos puntos de la historia de mi vida tocándose. Es un símbolo de todo lo que esas canciones sembraron sin que me diera cuenta. De esa forma de pensar, de cuestionar, de no conformarme con lo dado.
Gracias @badreligionband , por haber estado ahí tan temprano, cuando todavía una no sabe bien qué pensar, pero sí siente que algo no le cierra. Por enseñarme que cuestionar no es rebeldía vacía, es inteligencia en movimiento.
En un mundo que muchas veces te empuja a repetir, ustedes me enseñaron a preguntar. Gracias por demostrar que la música, el arte, también pueden ser una herramienta para despertar 🖤