hay días en los que me levanto y siento que todo lo que necesito es algo que no puedo tener: un abrazo de mi padre. es algo que pensaba que nunca me faltaría, algo con lo que contaba hasta por lo menos dentro de muchos años. estabas bien, acabábamos de pasar unos días juntos en madrid, hablando del futuro como si tuviésemos alguna idea de que en cuestión de semanas, ese futuro anhelado no existiría.
y como siempre, a mí me quedan el dolor, la sensación de vacío, el no saber qué hacer... pero también los recuerdos. y qué bonito haber podido crear tantos juntos.
cada viaje, cada rato, cada juego, cada peli, cada abrazo del oso, cada bocadillo de bonita... todo lo llevo conmigo, en mi corazón, a donde quiera que vaya.
ya sabes que mi cosa favorita desde hace varios meses era acostarme contigo en el sofá, con mi cabeza encima de tus piernas, mientras me acariciabas el pelo con tus manos.
me encantaría estar así ahora mismo; creo que lo necesito.
no sé bien cómo definir cómo se está portando la vida conmigo. tengo una batalla interna con esto; porque sí, no para de arrebatarme cosas, pero todo lo que me quita es también todo lo que me ha dado, y lo que me ha dado es mucho. me ha puesto delante a las mejores personas que he conocido y conoceré jamás, y de una me ha dejado disfrutar casi ocho años, y de la otra casi veintiuno, así que prefiero quedarme con eso por mucho que duela.
los días se me están haciendo raros, no sé cómo actuar, todavía estoy aprendiendo a vivir sin ti y no te voy a engañar: me está costando.
éramos cuatro, una familia de revista, yo tan parecida a la mamá y el tete tan parecido a ti, y mira lo que nos queda.
si no he tirado la toalla aún es primero por ella, porque me quiere y necesita tanto como yo a ella (qué bien elegiste papá, la mamá es increíble) y por vosotros dos.
desde que santiago falleció, hay algo que repetía constantemente: mi vida la vivo yo, pero lo hago por los dos.
hoy, retiro lo dicho: la vivo por los tres.
os adoro a los tres
y a ti papá, te quiero, ni siquiera era consciente de la falta que me hacías hasta que no estás aquí. prometo hacer que te sientas orgulloso de quién es tu hija 💐
llevo un año hablándote de lo increíble que me parecía que fuésemos a celebrar tu cien cumpleaños, y tú llevas un año repitiéndome que no querías, que cien eran muchos y que “qué voy a hacer yo con tantos” y al final, muy a mi pesar, te has salido con la tuya…
de pequeña mi respuesta ante la eterna pregunta de “¿a quién quieres más? ¿a papá o a mamá?” era tajante y repetida; a mi abuelita (y que me perdonen ambos, pero siempre te he querido de una forma desmedida)
gracias por todo lo que me diste, por cómo me has cuidado desde cría, por aguantar hasta lo inaguantable y por quererme incondicionalmente aunque no lo haya puesto fácil
qué orgullo y qué privilegio haber crecido contigo y poder llamarte mi abuela. te voy a llevar siempre conmigo, hasta el último de mis días
no te voy a olvidar nunca lala, te voy a querer toda mi vida