Comenzó con la Ciclovia; la bicicleta transformado en en un medio de recreación, exploración, aventura.
Con la pandemia, a la Circunvalar. Hacerse más bogotano en Patios, lanzarse a un VALS - eso sí, en fija. Enamorarse con el Verjón, del 11 al 17, las redadas al puente amarillo. Conectar por Santiamén ¿y porqué no trepar a Guadalupe?
Conocer los portones, o portales, de esa ciudad amurallada. Troncones en la vía a Cota, en el puente de Guadua, en la Indumil. Escapar al Tequendama por la ALO. Ratonear entre mulas entrando por Fontibón.
Distinguir Anapoima de Anolaima, Tobia y Tenjo, Usme o Ubaque, Mondoñedo por Monguetiva, Subachoque de Sutatausa. Encontrar paraísos escondidos - Pedro Palo, Mundo Nuevo, la Carbonera Alta, la Sierra, el Cerro Quinini.
Buscar recorrer un territorio por todos sus vertientes, cada vez más lejos, más osado, más expuesto. Dispuesto a sufrir granizadas y aguaceros, sonriéndole a los días de gloria. Volverse el ciclista que nunca hubieras imaginado.
¡Gracias Bogotá, gracias
@cesarlopezvinueza , gracias Cordillera Oriental!