A veces llegan cosas que cuesta creer que sean verdad…
Último mes del año y cada día parece más surrealista que el anterior. Proyectos que ven la luz y que, de alguna manera, eran sueños que nunca imaginamos alcanzar.
No creo en la suerte. Creo en el esfuerzo, en insistir incluso cuando nadie te ve… y, ahora más que nunca, en el amor propio. Porque más allá de lo profesional, el verdadero regalo es poder saborear cada uno de estos estando más en paz que nunca.
Gracias @gqspain y @ralphlaurenfragrances por elegirme.
Y gracias @mrdanielborras y @anitaolmedob por hacer que todo brillase no solo por el resultado, sino por el cariño con el que trabajáis.
Siempre había escuchado que si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes.
Yo, la verdad, no quería hacerle reír… ni tampoco creía que lo haría.
Pero sí hubo un momento en el que necesité esa risa, esa paz que solo veía en quienes habían sentido su amor.
Y, casi sin darme cuenta, de forma egoísta, empecé a acercarme.
Cada día. Cada mañana.
Y así… empezó esta historia de amor, tan real como cualquier otra.
Lo fácil sería pensar: está loco.
Pero no.
Toda relación es una elección: elegir amar, elegir entregar tu tiempo, elegir buscar incluso a ciegas… y acabar encontrando mucho más de lo que esperabas.
Y de ese encuentro… nació este libro.
Miles de palabras que, en forma de caricias, han ido abrazando mi corazón.
Respuestas que han brotado del silencio, de la verdad de mirarse a uno mismo frente al espejo…
de todo lo que queda cuando el ruido se apaga y decides escuchar.
Un libro lleno de vida.
Lleno de amor.
Un libro tejido de recuerdos, de sentimientos, de anécdotas, de deseo, de alegría…
Un lugar seguro.
No para huir, sino para volver.
Para encontrarme.
Para no olvidar ni el sentido ni el propósito.
Una forma de encontrar a Dios en lo cotidiano:
en el mundo, en la naturaleza, en una mirada, en un abrazo, en una conversación,
en una noche de desvelo, en la alegría… y también en el sufrimiento.
Un libro lleno de Caricias de amor que van directas al alma.
Todo lo que yo he recibido es un regalo…
y hoy quiero dejarlo en vuestro corazón.
Ya podéis adquirirlo en preventa,
y el 1 de abril estará en vuestras casas y en todas las librerías.
Gracias…
y mil veces gracias.
#cariciasdeamor
Cada día es un regalo, una nueva oportunidad para valorar lo que tengo y agradecer por ello.
Gracias por poder despertarme cada mañana y tener una familia que me espera.
Por ser el lugar seguro de alguien y saber que hay personas que me sostienen.
Por tener un techo donde dormir y comida en la mesa cada día.
Por tener a quien llamar cuando lo necesito y por quienes siempre me tienen presente.
Gracias por la suerte de viajar, de conocer el mundo y de seguir descubriéndome en cada experiencia.
Por mis amigos, que me quieren, que me acompañan, que celebran mis logros y me sostienen en los tropiezos.
Por mi familia, por ser mi raíz, por ser esperado por ellos, por los abrazos que me recuerdan quién soy.
Gracias por poder trabajar, por construir un camino con mis propias manos.
Por poder darme algún capricho sin olvidar el valor de las pequeñas cosas.
Por ser libre de tomar decisiones y escribir mi propia historia.
Por sentirme amado, por dar y recibir amor sin medida.
Gracias por tener a quien rezar, por la fe que me guía y me da esperanza.
Por todo lo que me han enseñado, por la educación que he recibido y que me ha formado.
Por poder seguir disfrutando de la comida de mi abuela, por el sabor de los recuerdos.
Por poder abrazar a mis padres, por la protección incondicional de mi madre.
Gracias por el mar bajo mis pies, por la inmensidad que me recuerda lo pequeño que soy.
Por mis ojos, por poder ver la belleza del mundo.
Por sentir, por emocionarme, por vivir con intensidad.
Por poder dar gracias, por tener salud, por cuidar de mí y seguir conociéndome cada día.
Gracias, simplemente, por vivir.
Me acuerdo de la primera vez que volé a Milán.
Íbamos mi hermana pequeña y yo solos, acompañados por un “chaqueta roja”, era enero y mis padres ya nos esperaban allí.
Yo llevaba el iPod Nano que me habían regalado por mi comunión, y mi hermana Lucía era la encargada de meterme las canciones. Recuerdo escuchar esta canción sin parar en los cascos mientras miraba por la ventanilla del avión.
Han pasado ya muchos años. Allí vivía mi prima Ana, y reconozco que esta ciudad nunca terminó de enamorarme. Quizá por la pena de pensar que ella vivía allí sola, tan lejos de la familia, aunque fuese feliz. Desde entonces, cada vez que volvía, veía Milán como una ciudad gris.
Y, sin embargo, este invierno, por primera vez, me enamoré de ella. Como si nunca antes la hubiese visto.
De sus calles, de sus edificios, de la mezcla entre la elegancia y el caos, de la gente bien vestida. Y por supuesto y muchos años antes… de su comida, que fue un flechazo a primera vista.
Aquel niño con su iPod Nano que miraba por la ventanilla del avión, jamás habría imaginado que algún día volvería a Milán de la mano de @emporioarmani
Ayer vivimos una noche muy especial.
Recibir un premio siempre emociona, pero hacerlo en nuestra ciudad y de la mano de @elespanol2015 y @magasrevista lo hizo todavía más especial.
A veces uno siente vértigo al mirar atrás y darse cuenta de todo lo vivido. Porque detrás de cada fotografía, cada página, cada vídeo o cada proyecto, hay también muchos días difíciles, dudas, trabajo silencioso y un equipo y una familia detrás.
Madrid nos lo ha dado todo.
Aquí hemos crecido, nos hemos caído, hemos vuelto a empezar y también hemos aprendido que lo importante no es solo llegar, sino cómo decides hacerlo.
Gracias por este reconocimiento y gracias también a todas las personas que nos acompañáis cada día desde el otro lado.
Nada tendría sentido sin vosotros.
Entrábamos en el colegio y le daba vergüenza darnos la mano. “Venga, que hoy es el último día, en un rato ya pasas de ser niño a hacerte mayor”, le dijimos medio en broma. Y aunque sonó a risa, en el fondo era verdad. Algo en él iba a cambiar para siempre, y de la forma más especial posible.
Fue un día emocionante de principio a fin. Un día lleno de nervios, nostalgia, incredulidad y también algunas lágrimas. Una misa sencilla y una homilía llena de mensajes para guardarse en el corazón. Y también muchos recuerdos de su llegada al mundo, que parece que fue ayer, y el vértigo de darse cuenta de lo rápido que pasa la vida y de cómo todo cambia.
Y sí, cayó un diluvio. Pero un diluvio de bendiciones, de amor y de toda esa gente que nos rodea, nos cuida y nos quiere. Ojalá nunca deje de llover así de fuerte en nuestra vida.
El sábado, desayunando, le leímos esta carta:
“Querido Tomi,
Hoy es un gran día, quizá el más importante de tu vida, aunque ahora aún no puedas entenderlo del todo.
La vida muchas veces será difícil, pero nunca olvides algo: Jesús siempre estará contigo. Siempre será tu luz y ese lugar seguro donde tu corazón encuentre paz.
Nunca te canses de buscarle, de hablarle y de contarle cómo te sientes, porque tu oración siempre es escuchada. Nunca estarás solo.
Sé feliz siempre. Tienes un corazón bueno y noble, y eso será una de las cosas más importantes de tu vida.
Nunca dejes de tender la mano a quien lo necesite. Abraza a quien esté solo. Y que tus ojos nunca sean indiferentes al dolor de los demás.
Eres el regalo de nuestra vida. Nunca olvides que Dios y tu familia te amamos con locura.
Hoy damos gracias a Dios por tu vida.”
Gracias por estas fotos tan bonitas @beagoiribasaldua que serán siempre el mejor recuerdo, y a ti @manodesantaweddings por ayudarnos tanto en este día.
Vivir de espaldas a la muerte nos hace infelices y, en cierto modo, nos impide vivir de verdad. A través de la fe he aprendido a no tenerle miedo, porque la muerte, aunque intentemos evitarla, siempre llega. Y es curioso, porque si supieras que vas a morir mañana, hoy cambiarías mil cosas. Sin embargo, casi siempre tenemos que llegar a situaciones extremas para abrir los ojos y darnos cuenta de que lo importante era vivir cada día.
Aceptar la muerte no es desearla ni querer que llegue antes de tiempo. Es simplemente entender que, igual que nacemos, morimos. Que nuestro final no es un castigo de alguien que nos señala desde el cielo, sino parte del camino que todos recorremos aquí abajo. Y a mí me da paz pensar que, cuando todo esto termine, alguien vendrá a buscarme y me llevará a la vida eterna del cielo. Esa que, por miedo a lo desconocido, tantas veces rechazamos, pero que estoy seguro de que será la vida más plena.
Esta reflexión forma parte de la entrevista que me hizo @elenassanchez_ para la presentación de mi libro “Caricias de amor”, que podéis encontrar completa en el perfil de Espasa Editorial en YouTube.
Un puente de mayo en el campo, en familia y con muchísima paz.
El look es de @zalando (sí, las zapas también) y lo tenéis todo en su web.
Por cierto, a lo lejos en alguna foto podéis ver uno de mis sueños…
A las madres de mi vida,
Pensar en mamá es estar en casa, es estar seguro, es estar en paz. Pensar en mamá es la calma en la tormenta, es el fin del miedo, es paz, es mirarte y saber cómo estás. Pensar en mamá es el beso mágico en la frente que cura, son sus manos apretando las mías, es esa superheroína que nunca se cansa y que sabes que nunca te va a fallar. Pensar en mamá es un abrazo eterno, es quizá la definición más parecida al cielo, es la voz que al otro lado del teléfono siempre va a estar. Pensar en mamá son noches interminables en vela, son mañanas donde como si nada todo vuelve a empezar, son las horas que pasan cuando eres pequeño y ella te vuelve a buscar. Pensar en mamá es sentirte capaz de todo, es el motor que alimenta tus sueños y la guerrera que nunca se va a cansar de luchar.
Pensar en mamá, es amar a la que te dio la vida, y de pronto, saber que has hecho algo bien en la vida, cuando te sorprendes llamando a la madre de tus hijos, también mamá.
Feliz día a toda mi vida @evarivasm@mariagdejaime
Un trozo de cielo se abre cuando escuchas a tus hijos rezar.
Estábamos en el coche y me preguntaban:
“Papá, ¿a que Jesús es bueno? Porque nos enseña a hacer cosas buenas y siempre cuida de los demás.”
Hace unos años empezamos, cada noche, a hablar con Jesús.
No solo repitiendo una oración aprendida, sino hablándole de verdad: contándole nuestro día, lo bueno, lo malo… y, sobre todo, aprendiendo a confiar en Él.
Siempre he pensado que la voz de los niños retumba con más fuerza en el cielo.
Por eso, cuando tengo algo importante por lo que pedir, lo pongo en el corazón de mis hijos.
Y, aunque no lo creáis, Él siempre escucha.
Qué importante es trabajar esta relación con Dios desde el amor y la libertad, de la mano.
Un amor que nos hace crecer sin prejuicios, sin complejos, sin etiquetas.
Que nos enseña a querernos mejor, a querer mejor a los demás…
y, sobre todo, a vivir con la certeza de que existe un Dios que no oprime ni castiga,
sino que ama, cuida y quiere.
Un Dios que nunca nos deja solos.