Conocí a Germán cuando él trabajaba, entre otras cosas, con Maximo Cabrera. Todavía no existía Salvaje y sus deseos estaban en plena construcción.
Después pasé a cliente-amigo: yo vivía a la vuelta de Salvaje y no podía resistirme al pan con sarraceno. Llegaba a casa con el pan todo carancheado porque me lo iba comiendo en el camino. Verlo hacer pan era una experiencia religiosa: atención plena, magia, filosofía. Todo estaba ahí.
Y así, un día, llegó el momento de trabajar juntos. Hicimos dos libros hermosos de los que estamos completamente orgullosos. Incluso me dejó escribir un texto para su segundo libro: Pan de Campo fue su renacimiento, venía golpeado y supo reconstruirse a fuerza de laburo, de fe en lo que hacía, de alegría.
Habíamos empezado otro libro con su equipo de La Valiente
@chrispetersenok y
@ezequiel.mendoncapaz : doy mi compromiso que lo terminaremos, su legado debe transmitirse.
Germán era un buen lector y además le gustaban los libros de cocina. Hablamos mucho de música y de libros, de cómo construir los relatos en sus libros. Era un poco ansioso y eso me empujaba siempre para adelante. Hacía y no paraba de hacer. Subía la apuesta y le metía.
Me quedo con su mirada holistica de la vida. Todo lo que hacía (cocinar, enseñar, escribir, viajar, hacer música) tenía para él un sentido trascendente y universal. Un propósito. Germán no hacía las cosas porque sí, les imponía una energía expansiva.
Aprendí muchísimo de él. De cocina y de la vida. Estoy sumamente agradecido de su amistad y de haber trabajado con él. 🙏 Como dijo
@chrispetersenok en su despedida, al final la vida se reduce a hacer buen pan, a querer y cocinarle ricos a los que querremos.
Rescaté estas imágenes de cuando fuimos a la imprenta a ver la pruebas de Pan de Campo. En su sonrisa se ve la felicidad de quien ha hecho un libro hermoso y lo está dando a luz. Me voy a quedar con ese recuerdo.
Chau Ger, te voy a extrañar un montón