Cuando nos conocimos yo tenía el cabello azul y Sol vivía en Pilar. Nos conocimos bailando. En nuestra primera cita, cita de lesbianas, fui hasta Pilar. Me quedé tres días, iban a ser dos, pero cita de lesbianas.
Nos re enamoramos. Videollamadas, fotos, videos, cartas, mensajes, canciones, poemas, intensidad, hambre, jolgorio, fiesta, planes a futuro, viajes, conciertos y a Sol le llegó la oportunidad de ir a trabajar a Bolivia, contrato de 1 año.
Le dije que si, que si vaya, que se aventure que se lance y se fue, y llore, llore mucho, me quise alejar y Sol no me soltó. Más videollamadas, más cartas, más soñar y extrañar. 6 meses pasaron. Fui hasta Riberalta, Bolivia con ansiedad, miedo, duda, emoción, alegría y mucho amor. Desde ese encuentro no nos volvimos a separar. Unos meses después agarramos las mochilas y nos volvimos a lanzar, pero esta vez a Córdoba, Argentina.
Mucho ímpetu, muchas ganas de vivirlo todo, disfrutarnos sin miedo.
Aprendí distintos matices del amor que se fueron revelando, capas de piel que fuimos arrancando. Dando luz a donde duele, un ser compañeras ante todo, un dejar caer las murallas del ego que a veces cuesta más y a veces menos, pero siempre están las ganas y el deseo de querernos bien, de cuidarnos bien. Somos un desastre, si.
Para quienes nos conocen saben que este sí es uno más del montón que dimos juntas y vamos a seguir dando, porque hambre de vivir y vivir(nos) nos sobra.
Así que si, para siempre, si.
Sol y Flor 🌱
3 months ago