Hadita del monte 🧚🏼‍♀️

@soficourreges

555 ☽︎☼︎ Ebria de palabras y poesías .⋆·˚
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2026. El Sol y El Juicio.
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4 months ago
2025. Cambié varias veces pero creo que me fui encontrando en estas personitas. Gracias por ser hogar. Los amo 𖦹☀️
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4 months ago
Qué placer y honor leer en un lugar que es una casita para muchxs artistas y con tremenda banda que me ayudó palabra por palabra a volver corpóreos mis poemas y convertirlos en danza 🥀💌 Las fotitos preciosas de @flordebarro_art
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5 months ago
Hay palabras que se vuelven pesadas palabras que anudan gargantas incapaces de deshacerse en la lengua, aferradas al paladar queriendo permanecer en la boca siempre al borde de ser nombradas. Hay palabras que se sienten en el cuerpo palabras que tocan el nudo y nos desarman, palabras que nos dan una carcaza. Hay palabras filosas que se clavan como puñales. Hay palabras susurradas humedecidas con el aliento de las bocas que se acercan para escucharse como si la única forma de pronunciarlas fuera besándolas. Abusé de las palabras, traté de nombrarlo todo. Pero también abusé del silencio, quise desnudarme de la lengua con la ingenua creencia de que se trataba de un inventario de etiquetas. Por mucho tiempo creí hablar una lengua extranjera. Memorizaba las palabras sin entender su sentido, castigaba cada error sin ningún tipo de consideración, buscando difundirme en un mundo ajeno. Y yo enhebraba las palabras de sintaxis complicada, maltrecha con la poesía trastabillando siempre en el labio siempre agujereando el mundo opaco. Con la poesía que parecía volver tan maleable la palabra. ¿Cómo vamos a entender si seguimos hablando la misma lengua? . Los amo Floris, gracias siempre por el espacio de encuentro, danza, poesía, y música. Es precioso contar con un refugio como el que hallo en ustedes @estar.jam @flora_espaciodearte
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5 months ago
Marcha del Orgullo Córdoba 15.11.2025
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6 months ago
Más postales cumpleañeras, con mucho amor, comida, la Chía como protagonista y las cartas más dulces que leí
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10 months ago
13-06-2025 ☆°•.• Trini me preguntó si había notado algún cambio o algún progreso entre mi cumpleaños del año pasado y este. Y creo que la respuesta está en estas fotos: poder invitar a las personas que más amo en el mundo a festejar mi cumple en mi casita, cocinarles, comer juntos, leer poesías, dar muchos abrazos, hablar hasta que se agoten los temas. Gracias por todo, los amo infinitamente
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10 months ago
Cuando pienso en vos, no puedo evitar sentir una tibieza despertando en el pecho. Es una sensación que escapa a las palabras y se prende a los recuerdos. Lo siento cuando estamos tiradas en el suelo de tu casa escuchando Serú en tu tocadiscos. Lo siento cuando me lees tus poemas y yo te escucho completamente inmersa en las imágenes que dibujas. Lo siento cuando estamos esperando en la parada del 70, me decís que si quiero vaya yendo y yo te respondo que me quedo, porque sé que te da miedo la ciudad estar en ella sola y quieta, con tu fragilidad expuesta. Lo siento cuando estamos acostadas en la misma cama, las cabezas pegadas en la almohada y las palabras que se derraman manchando las sábanas, mientras hablamos con ojos adormilados, conversaciones que vuelven fragmentadas al día siguiente. Pero en ese momento, no existe el día siguiente, no existe nada fuera de esa cama. Apagamos la luz para que nuestra oscuridad no se queme, no se inmovilice, para que pueda deslizarse entre las paredes y no se refugie en nuestra sombra. Las lenguas se ablandan, y escapan de su posición represora, las palabras que salen de nuestras bocas parecen susurros que vienen desde lejos, desde lugares cristalizados donde todo parece transparente y claro. No podemos seguir acostadas, nos estamos ahogando. Necesito sentarme para que las palabras no queden atoradas en la garganta. Necesito sentarme para abrir los ojos y ver el enchastre que somos, y reírme y abrazarte y, por una vez, no tener que avergonzarnos por nuestra sangre. Te amo Trinita, feliz vuelta al sol ☀️
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1 year ago
Cartografía de un olor Camino por las calles de Nueva Córdoba con la cabeza gacha, concentrada en esquivar baldosas huecas hasta que, como una oleada densa y suave, me inunda el olor a Castelar, el olor a la casa de mi abuela, a sus paredes de pintura desamparada, a la mesa de madera y sus vetas que parecían siempre esconderse debajo del mantel blanco e impoluto que le daba al almuerzo un aire bíblico, el olor de sus manos rezando y de la espera a que termine la oración para poder empezar a comer, la forma en la que desaparecía de la escena y a la vez permanecía presente como un dios omnipotente, estaba desparramada en la mesa sin que lo pudiéramos notar, y entre conversaciones superpuestas y el hambre infantil por devorar con el acceso al exceso que todo abuelo da, comíamos de su cuerpo sin ser capaces de notar el milagro que se desgajaba en nuestras bocas, las horas que sus manos cocinaron se desdibujaban con anécdotas pueriles que la dejaban en un segundo plano, mientras nos observaba con una sonrisa de humildad. El olor de la vitrina que guardaba los patitos de cristal que siempre quise tener, uno por uno, representando a cada hermano, y yo pequeña, tratando de observarlos minuciosamente, el ángulo en que estaban inclinados, la cercanía o lejanía a la mamá pato, para reconocer a mis familiares. El olor a los placards llenos de costureros y cartas que nunca nos atrevimos a indagar, sacos colgados abandonados al tiempo, repletos de bolsillos en los que mi abuela sabía guardar secretos. Las puertas con la figura de algún santo, que me observaba desde lo alto de la vitrina, con un ramito de laurel. El olor del comedor siempre concurrido, atestado de niños que crecen entre pasillos y que pasan de desdeñar ciertos platos a convertirlos en sus favoritos. El olor de la vajilla, los platos hondos ilustrados con blanco y azul como un recorte del pasado, relataban una historia que se tapaba entre comidas. Y yo recuerdo mover lado a lado las arvejas para hacer aparecer y desaparecer el rostro de un desconocido. Dos chicas pasan a mi lado y con un brusco comentario me arrancan de Castelar. Una de ellas arruga la nariz: “¿No sentís olor a Iglesia?”
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1 year ago
Nunca más. Córdoba 24.03.2025
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1 year ago
“Cuando se separa, uno tiene que ir al monte, ¿nunca lo escuchaste?” una amiga me pregunta mientras caminamos por una calle desolada y la boca se me llena del gusto a las conversaciones de la madrugada, conversaciones que aparecen solo entre sombras recortadas. Me toma por sorpresa y masco en silencio sus palabras, las deshago en mi garganta, pero esta vez no dejo que lleguen a mi estómago, hace tiempo que te desterré de mi cuerpo. Tal vez sea cierto, pienso que quizás fue por eso que no dolió tanto. Pero también, recuerdo que vivo en el monte desde que te conocí. Quizás era una suerte de presagio de algo que no iba a lograr sobrevivir entre viajes a largas distancias y paisajes altisonantes vistas de sierras, interrumpidas por bloques de cemento, cielos cortados por cables de luces que, al prenderse, apagaban los astros, un cuerpo que se aceleraba en la vorágine de la ciudad y se sumía en un torbellino del que pocas veces podía escapar. ¿Alguna vez te conté que me daba miedo ir? Me subía al micro, sintiendo que esa misma noche iba a morir, solía dolerme el pecho y entregada a los más oscuros pensamientos, enviaba mensajes como si me estuviera despidiendo de mi familia, de mis amigos, incluso de vos. El dolor punzante que me atravesaba no era una falla cardíaca, era un grito ahogado, un salvaje domesticado aleteando con fuerza dispuesto a quebrar sus alas para atravesar la jaula, dispuesto a hacerse un hueco entre los barrotes de mis costillas a falta de una puerta de salida, o una mano que la abriera. Y cuando volvía, recuerdo que no dormía. Me desvelaba el viaje contemplando la forma en la que los edificios eran los que comenzaban a recortarse, a distanciarse, estirarse hasta disolverse entre las malezas. Miraba cómo las luces comenzaban a quedar relegadas por las estrellas, el cielo volvía a ser oscuro y parecía capaz de tragarme capaz de absorber mi propia penumbra. Entonces, quizás no se trataba de ir al monte. Tal vez se trataba de volver a casa con el pecho abierto y el pájaro en la mano, con una sonrisa aniñada esperando el instante preciso para abrir la ventana y soltar al salvaje.
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1 year ago
"Soy mujer y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero" - Alejandra Pizarnik . Registro de la Marcha del 8M en Córdoba
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1 year ago