Hoy, lunes festivo. 10 de noviembre, me he despertado pronto para ir al hospital. Volviendo hacia casa sola, por las calles principales de Madrid, he observado lo bonito que es pasear por esta ciudad cuando es temprano y la gente aún duerme. Una ciudad que normalmente grita estaba en silencio, fría y vacía. Sorprendentemente Madrid hoy, en cambio, me ha acogido y me ha hecho sentir bien, como en casa, como si todo fuera de verdad y se pudiera tocar con tranquilidad. Como si aún fuera bella con las tiendas sin abrir.
La belleza, si quiere seguir siendo verdad, tendrá que resistir al ritmo del ahora. Este presente ya no mira, escanea. No contempla, consume. Ya no se demora: salta.
Cuando todo es visible, disponible, intercambiable, el deseo se disuelve. El otro deja de ser misterio, desvío, tiempo. Se convierte en dato que se adapta o se descarta. La belleza y el amor necesita distancia. Necesita silencio. Necesita no saber. Necesita descubrimiento.
Y la belleza, si quiere seguir siendo Eros, necesita lo mismo. Por eso, tal vez, hay que empezar a hablar de una forma de vida en la lentitud. Una belleza que no se impone, que no quiere impresionar, que no interrumpe, si no que permanece. Una belleza del gesto cotidiano que no necesita mostrarse. El cuerpo no intervenido. El objeto desconocido, sin marca, la materia que se deja reposar, estar.
Si lo cotidiano puede ser bello por cómo sostiene la vida, la vida solo seguirá siendo bella si resiste al consumo inmediato y sigue abriendo un espacio para lo que no se ha dicho, lo que no se ve y lo que no se vende.
La felicidad no tiene que estar en el objeto, sino en la interacción, en el encuentro, en el gesto compartido. Lo bello, surge entre, no dentro. Ya no es posesión, es vínculo. Es una siesta en la cama mientras entra la brisa por la ventana, es el café del desayuno, es el paseo por Madrid un lunes festivo de noviembre.
Estos momentos me recuerdan que la belleza no puede seguir siendo solo placer visual, forma pulida, mensaje cerrado. Debe ser tambien cuidado.
Lo bello cuida.
Frente a la velocidad, la belleza forma la demora activa. La lentitud como modo de vivir. Como presencia que cuida.
6 months ago