No podemos hablar de libertad sin revisar nuestra libertad sexual, nuestra entrega al placer.
Si lo que llamamos instinto está preso en creencias, apariencias, mitos familiares, culturales, religiosos y territoriales, continuaremos buscado una libertad que revise en el
Exterior.
No importa cuánto queramos ser libres, si no podemos abrirnos a la libertad de gustamos a nosotras mismos, de hacernos responsables de nuestro propio placer, la libertad es inalcanzable.
Que forma tan bruta de hacernos presos, seres castrados, reprimidos y violentos.
Atrapados en un sistema al que le importamos un carajo, y todo esto con una simple ecuación:
Sataniza tu placer y serás un robot automatizado, preso de la inalcanzable ambición de una felicidad que emerge de lo externo.
Cuál se usara hoy …?
La confusión no nace de saberte en la necesidad de representar un personaje para poder ser alguien en un sistema que exige la identificación con el éxito como principio de valía.
La locura se presenta cuando lo ha distancia de percepción entre ese personaje y quien exige la máscara para actuarla.
Y entonces 23 años atrás, cuando una postura de yoga me identificaba con un mujer espiritual, comprometida con un anhelo ahora interrumpido hacia lo que llamamos Iluminacion, y creencias que ahora se traducen en un estado distinto: Una espiritualidad humana; Cuidar a mi madre en su vejez, tomar pulque, ser una persona incómoda por no quedarse callada y utilizar una mente critica que cuestiona lo que llamamos estar Iluminados y todo lo que se dice con respecto a este estado, que muchas veces es utilizado para no habitar un cuerpo que se permite sentir el dolor, hacerse cargo del inevitable sufrimiento de vernos como especie en decadencia y de ser parte del naufragio colectivo como oportunidad a una posible toma de conciencia.
Solo me queda decir al ver esta foto…
Bendito cuerpo que me has dado tanto, agradecer mi voluntad inquebrantable para lograr experimentar y seguir deconstruyendo las infinitas capas de lo que creí ser y no soy más.