El hidrógeno es el átomo más ligero del universo.
Posee una masa tan pequeña que sus partículas alcanzan velocidades extremadamente altas en la atmósfera, superando con frecuencia los 11,2 km/s necesarios para vencer la atracción gravitatoria terrestre.
Estos átomos, que formaron parte de plantas, animales y humanos, pueden abandonar el planeta y salir al espacio interestelar.
En el año 2045, Japón experimentó el Fenómeno Shin'yoku, una crisis socioeconómica en la que la prolongada cultura del exceso de trabajo y la represión emocional colapsó de repente. Tras el estallido, una ola de desinhibición masiva barrió el archipiélago. Ciudades con un gran peso de la tradición se transformaron en metrópolis de neón y hedonismo, donde los edificios se convirtieron en lienzos para proyecciones de arte psicodélico y las calles vibraban con festivales permanente que antaño habrían parecido impensables. La rigidez social dio paso a un espíritu de espontaneidad y libertad, convirtiendo a Japón en una especie de caribe asiático, donde una nueva concepción del mundo aceleró un torbellino de creatividad que parecía no tener límites.
Desperté en la colina. Las farolas de la calle brillaban más que las estrellas. La reverberación de la campanada del reloj fue seguida por once campanadas más. Descubrí mi ventana. Sentí alegría, una tremenda alegría que me sacudió como una ola. Luego, paz.
¡La pequeñez, y la intensidad, de los acontecimientos terrestres! Un instante había bastado para abolir la realidad hipercósmica, la inmensa fuente de las creaciones, el rocío de mundos. Desvanecidos, transmutados en fantasía, y en una sublime impertinencia.
La pequeñez, la intensidad, de este grano de arena, con su película de océano y de aire, y su película discontinua y variada de vida; de las colinas en sombras, del mar, de las olas sin horizontes; del faro cefeido y pulsátil, de las vías del ferrocarril, rechinantes.
Es ahora, Hacedor de Estrellas, que te veo solo como una brisa anaranjada. Grandioso es el Hacedor, pero una mota solo es ahora, pues mota vuelvo a ser y mota siempre será lo que me permita ver de él.
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En lo anodino del día
En un día entumecido
Fundidas en el cielo
Oscuras, augurando un suceso
Caí de las nubes
Jamás volveré a ellas
Pero desde que estoy en la Tierra
Veo nubes de formas diversas
En lo anodino del día
En un día entumecido
Fundidas en el cielo
Oscuras, esperando mi regreso
Crimen, desesperanza e indignación😖😫
¿Qué se puede hacer cuando todo está perdido?
Llama a...
🔥👊EL AJOLOTE SALAZAR👊🔥
TÚ SUPERHÉROE DE CONFIANZA, LISTO PARA PROTEGERTE DEL MAL ✅️🔥✊️
Los conejos sortearon la hierba, y más allá de la colina, descubrieron un mundo donde las nubes nunca les abandonaron.
Observé cómo sus patas traseras actuaban como palancas: al flexionarse, acumulaban energía en los tendones y músculos, y al extenderse, liberaban esa fuerza, impulsándolos hacia arriba y adelante. Era un mecanismo eficiente, casi perfecto.
Me pregunté cómo podría hacer yo lo mismo. Mis piernas no son tan poderosas, pero tal vez con un exoesqueleto o un sistema de resortes que imitara ese movimiento, podría lograr algo similar. O quizás, en lugar de saltar, encontrar otra forma de moverme, de alcanzar ese mundo donde las nubes siempre están tan cerca.