Ya estamos grandes
Nos toca empezar a ocupar el espacio de los que van a morir
De los que van a pasar al olvido
De los que ni aún estando presentes hemos dejado nada como personas
De los que somos incapaces de generar un recuerdo
De los que habitaremos la nada
Los militantes del olvido
Ese espacio que solamente podemos ocupar las personas que ni siquiera hemos podido sostener una familia, mucho menos un amigo
Los que no valemos la pena
Ese espacio que ocupan las personas que no merecen que alguien luche por tenernos a su lado
Los invisibles
Los que dan un corazón que nadie quiere
Los que generamos tristeza
Los intratables
Los incomprendidos
Los linyeras de alma
Los hijos del dolor y la melancolía
Los que callan su dolor para no joder al otro
Ha llegado ese momento en el cual ya no hay futuro, ese momento en el cual la vida nos impide proyectar porque ya no hay más tiempo
Ese lugar que ocupamos los que ya hemos vivido todo
Los que somos víctimas de esa máquina perversa que llamamos tiempo
Esa máquina que nos ha quitado hasta los sueños. Que nos pide que miremos para atrás, para que veamos todo lo que hicimos mal, para gritarnos que ya no hay chance.
Los que no tememos la vejez, pero que si temblamos ante la posibilidad de ser decrépitos
Los que seremos llorados un rato
Los que no merecemos un duelo eterno, ni un recuerdo con sonrisas
Y aun así doy mil gracias a esta vida.
Que sin haber pedido transitarla, me ha dado el regalo más hermoso que alguien puede recibir.
Me ha dado la música y a través de ahí me ha dado todo.
Me ha dado la posibilidad de ganarle a la muerte a través de mis canciones.
De vivir y ser eterno en el corazón de quien las escuche, de los pocos que se hayan conmovido
Aunque no sepan mi nombre, aunque no importe quien soy, aunque no importe mi vida. Porque nunca he sido nada, nunca he dado nada más que música, y mi tonto corazón
Siempre del lado del que tiene menos que yo. Viva la grieta. Fachos mal paridos. Sorete es el que odia al que tiene menos. Sorete el que no se conmueve ante el dolor del que sufre una falta. Sorete el que desprecia al que no puede. Soretes todos los que votaron a milei, a los que para estar bien tienen que pisarle la cabeza a otro para poder respirar. Mierda al que necesita que alguien duerma en la calle para estar mejor. Mierdas todos a los que odian a la gente que se come lo que tiran, los que comen su basura. Si tu bienestar radica en que los viejos revuelvan basura, si tu bienestar radica en que haya gente durmiendo en la calle, si tu bienestar de basa en que un discapacitado no tenga pañales... tu vida no vale nada. Que te mueras solo, muy solo
Y que nadie boquee porque me insultan mucho y me apuran pero jamás nadie vino, sabiendo donde estoy y donde toco, repito, jamás nadie de los que se van de jeta conmigo vino a verme y a decirme en la cara lo que me escriben por acá. Guapitos de las redes. Desde las redes son todos guapos.
A mi nadie me cuenta nada. Conozco cosas de las que muchos hablan pero nadie ha vivido en carne propia. Cosas que no hay que vivir, injustas, sin sentido... la soledad, el sometimiento, el dolor, el sabor de las lágrimas. Lo que muchos usan para justificar su debilidad, su maldad, a mi me han hecho fuerte. Pude elegir. Elegir justificar mi dolor con odio o ser cada vez más fuerte y luchar para que nadie tenga las mismas heridas que llevo en mi espalda. Entendí desde temprano que odiar es cargar de veneno el alma y supe que lo que llaman infierno se vive en la vida. Y aprendí que cuando hablamos de la vida sólo hablamos de nosotros. Que la muerte es un premio y que los premios, cuando se buscan, tardan mucho en llegar. Luché contra ello, me revele ante el dolor y todos los días recibí la vida con una sonrisa. Con una sonrisa desde el corazón, jamás desde el despecho y mucho menos despreciando. Aprendí que todo vale, mientras nadie sufra. Aprendí que sufrir está bueno, siempre y cuando ese dolor genere algo. Yo jamás tuve un hogar, mucho menos un abrazo, nunca fui niño, no me dejaron. Yo me vestí de astronauta con una caja de galletitas en la cabeza, viaje en mi alma a otros mundos porque el mío me dolía demasiado. Y dolía tanto que recuerdo más la primera vez que hice música que el abrazo de mi madre. Por eso no lastimo a propósito, porque el que conoce el dolor no soporta que alguien sienta lo mismo. No juego. Por eso nunca aflojo, no justifico y me hago cargo. Por eso siento, lloro, grito y no lo niego. Porque a mi nadie me cuenta nada. Porque se que llorar está muy bueno. Porque sé muy bien que no es débil el que sufre y se muy bien que es muy débil el cobarde que queriendo, no duda ni siente nada infringiendo dolor. A mi nadie me cuenta nada. Se muy bien que no soy nada, no soy nada para mi, para esta vida y para nadie. Yo doy música, no tengo otra cosa, o tengo todo, menos la capacidad de dar dolor, mucho menos tengo la capacidad de hacer sentir a nadie despreciable. Yo doy música, porque no soy nada, y por ser nada vivo en el corazón de quien quiera recibirme, de quien entienda que de niño tuve que viajar a la luna para salvarme, para tener algo que dar,