Niebla llegó a la casa el 21 de enero de 2011. Yo ya la había visto en
@vitalvetoficial cuando llevaba a Niña y Pólux; entonces era la perrita de esa veterinaria. Llegó como Martina y, tras la discusión eterna por el nombre, mi papá dijo: que se llame Niebla y así la mamá nos la deja en Medellín.
A la semana aparecieron signos respiratorios raros y el viernes 28 de enero la llevé a Vital. La dejé hospitalizada y, horas después, Carlos Mauricio me llamó: moquillo. Yo, de inocente, pregunté si podía volver a casa ese fin de semana; su respuesta fue: debemos esperar a ver si sobrevive la noche. Contra todo pronóstico sobrevivió, pero pasó muchos días aislada por lo contagioso. Yo iba a verla varias veces por semana, con la certeza de que no iba a abandonarla.
Volvió a casa con medicamentos y la enfermedad pasó a lo neurológico: primero un brinquito en la cabeza, luego el temblor permanente. El 16 de marzo fui de urgencia y Carlos Mauricio dijo: se nos agotó la medicina tradicional, queda lo alternativo. Conseguí procaína y, tras aplicarla, por un rato se quedó quieta. Vinieron alarmas cada dos horas, mil pastillas, gotas e inyecciones; después el ozono y todo lo que hiciera falta. Muchos meses más tarde, dos pruebas confirmaron lo impensable: moquillo negativo. Quedaron secuelas, pero ya no era una batalla contra la muerte. Muchos sugirieron “dejarla descansar”; yo repetía: ella no tiene dolor, no está sufriendo. Así, pasaron 15 años de perrita que debía haberse muerto de 8 meses.
El 10 de abril de 2025 nos despedimos de Pólux y su duelo, por la muerte de su hermano por 15 años, fue dejar de comer. El 4 de agosto empezó el aullido sin razón: demencia senil. A finales de octubre empezaron a fallar sus patas; nunca se orinó acostada, pero lloraba cada dos horas para pararse, ir al baño, tomar agua o volver a la cama. Lo esencial era no estar sola, y no lo estuvo: mis papás (sobre todo mi mamá), Oli, los dos Carlos, Carlos Mauricio y yo estuvimos siempre, hasta el final. Ayer, 16 de diciembre de 2025, le dije al oído lo de siempre: sobreviviste, mientras se iba tranquila a reencontrarse con Pólux