Mi querida abuela, hoy es tu cumpleaños y escribo desde un lugar donde el tiempo no consuela, sólo confirma, porque mi mamá siempre dijo que somos hijos de la vida, pero yo sé que soy hijo tuyo, de un ser que terminó en este plano por accidente, arrojada a un mundo que supo ser cruel, un alma sufrida y golpeada que conoció el hambre, las guerras visibles y las invisibles, lo más oscuro que puede atravesar un cuerpo sin dejar de caminar, y aun así fuiste armadura, fuiste refugio, fuiste la forma más cercana que conocí de lo sagrado, hasta que con los años tu coraza empezó a agrietarse y sin que nadie lo dijera me tocó a mí poner en práctica tus enseñanzas, me tocó protegerte, velarte, angelar a un alma cansada pero jamás rendida, y después me fui del país sabiendo en el fondo del corazón —ese lugar donde no hay excusas— que no iba a volver a verte, y así fue, ahora estoy acá y vos no estás, pero sé que esta decisión te habría gustado, porque eras guerrera y no le temías al abandono, por eso te abandoné, pero no te olvidé, por eso sigo hablándote, por eso hoy te escribo, porque estoy acá por vos y como no estás no estoy en ningún lugar, porque el Santiago que conociste murió un poco con vos y esa complicidad queda sellada entre nosotros dos, nadie más conoce ese amor feroz y silencioso, digno de la envidia de los dioses si es que los dioses supieran perder, qué hermoso fue ser mundano a tu lado, qué hermoso fue amarte sin entenderlo, qué hermoso es recordar lo que un día fue y qué terrible y sagrado saber que fue sólo para vos, que no será para nadie más, ni mejor ni peor, simplemente tuyo, y en este cumpleaños no te traigo flores ni rezos, te traigo memoria, te traigo lealtad, te traigo esta herida abierta que también es amor, feliz cumpleaños, donde sea que ahora resistas.
3 months ago