Veréis, yo era un niño muy ñoño, enmadrado y, claro, navideño. Para mí estos días daban sentido a la vida. Existía la magia, joder. Existía. Así que había que respetar toda la parafernalia que rodeaba el milagro. Desde que tengo memoria y hasta que ocurrió lo impensable, tuvimos el mismo árbol de Navidad. Era una puta mierda: un amasijo verde de metro y medio, plástico, decorado con bolas de poliespán y unos monigotes baratísimos que emulaban papanoeles, muñecos de nieve y, no sé, un poco cualquier cosa. Claro, os podéis imaginar que yo idolatraba esos adornos. Uno de ellos, mi favorito, era el osito de patata. Lo llamaba así porque era un oso amarillo con una textura áspera y rugosa que recordaba a los bocabits. Yo qué sé. El osito de patata, un mito. Otro era el papanoel peonza, que era, básicamente, un papanoel con forma de peonza. A ver, ERAN MIS PUTOS AMIGOS. Y un diciembre, de pronto, sin preaviso, cuando nos disponíamos a montar el pitote, descubrí horrorizado que el árbol era distinto. Era "nuevo". No me lo podía creer: ¿qué sacrilegio era ese? Nuestro árbol era feo, pero era el nuestro. Parte de la familia. Yo, sin entender nada, busqué al menos los muñequitos de toda la vida para tratar de salvar las fiestas. Pero, Dios, no estaban. No había muñecos. Solo unas bolas nuevas, lisas y brillantes. "Mama, ¿dónde están los muñecos?". Su respuesta, inconscientemente brutal: "Los he tirado a la basura". ¡La basura! Mi madre sacaba bolas pulidísimas y serpentinas insulsas para decorar aquel adefesio de árbol sin alma y yo no me podía creer lo que estaba presenciando. Fue durísimo, ¡y solo tenía 16 años! No, joder, es broma, tendría 9. El caso es que mis adorados muñecos estaban en un vertedero. Y aquello, todo, era una farsa. Fue ese día cuando perdí el espíritu navideño. La Navidad murió con el osito de patata y yo, desde entonces, paso por estas fechas como un cretino frívolo y descreído. Me hago el duro, el que está por encima de tales gilipolleces, pero en el fondo lo único que quiero es recuperarlo. Recuperar el osito de patata. Dios, cómo lo echo de menos. ¿Tenéis al osito de patata? Os daré lo que pidáis.
5 years ago