Robert Vilera nació en Caracas, Venezuela, y creció inmerso en los vibrantes ritmos afro-venezolanos y afro-cubanos. Su introducción al mundo de la percusión no fue casual, sino un legado familiar. Su padre, Juan José Vilera, fue un percusionista respetado en el país, quien personalmente se encargó de instruir y motivar a Robert en el arte.
Fue un músico y productor altamente laureado, cuya carrera fue reconocida con múltiples Premios Grammy (tanto en su versión latina como americana), además de acumular numerosas nominaciones a lo largo de su trayectoria.
Su maestría en la percusión lo llevó a colaborar en producciones ganadoras de Grammy con figuras icónicas como Marc Anthony
@marcanthony y en proyectos esenciales como Salsa Giants de Sergio George
@sergiogeorge donde también se destacó como co-director musical. El reconocimiento a su trabajo trascendió el escenario, siendo incluso exaltado al Salón de la Fama del Grammy por su contribución a través de su marca de percusión.
A lo largo de su carrera, se convirtió en una figura esencial en la salsa y el jazz latino, colaborando con leyendas de la talla de Tito Puente, Celia Cruz, Eddie Palmieri, Oscar D’León y Marc Anthony.
La verdadera trascendencia de Vilera radicó en su capacidad para equilibrar el brillo de los escenarios con la calidez de su hogar. Quienes lo conocieron, destacan su generosidad, su humildad y su inagotable afecto como esposo, padre y amigo.
Su música, aunque virtuosa, siempre estuvo llena de ese sentimiento que nace de la nobleza. Actualmente, su legado es doble: una cátedra de percusión para las nuevas generaciones y un ejemplo de vida que nos recuerda que el arte más grande es el que se fusiona con la calidad humana.
Hoy #11Nov al cumplir tres años de ausencia física, su legado resuena con una fuerza inquebrantable dentro de la industria musical.
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