Un 17 de mayo Miranda me hizo feliz. Primer regalo de Atleti, a mis 33 una Copa del Rey. Y ganada al Madrid, en su casa, Koke con aquella bandera en el centro del campo como testigo. Un 17 de mayo que el siguiente superó a Godin: su cabezazo, el Camp Nou, viajar a Neptuno en mi día favorito del año. Este último 17 de mayo he tenido otro regalo un poco más triste. Porque ganó el Atleti, sí, en el día de mi cumpleaños, pero también fue el último de
@antogriezmann con esta camiseta en su casa que también es mi casa. Desde las seis y media de la tarde me he pasado todo el rato llorando. Llorando porque mis ojos jamás verán un jugador como él. Llorando porque se hace difícil ver como el tiempo alcanza a quien nunca querrías que lo hiciera. Llorando porque voy a echar de menos sus goles, su entrega, el grito de Griziiiii con el que llenaba la redacción de AS cada vez que el Atleti jugaba.
Aún recuerdo aquella entrevista que le hice, cuando llegó, por 2015, que hizo que se convirtiera en una debilidad para siempre: tener enfrente a un tío tan normal, tan natural, tan auténtico, tan lejos de lo que hoy son muchos jugadores de fútbol, esquivos, fríos, tan poco humanos. Pensé: “Qué suerte tiene el Atleti de que su estrella sea este chico”. Y no me equivoqué.
Porque Griezmann es más que sus goles. Griezmann es pegamento para un vestuario. Un tipo siempre a sumar, siempre alegre, siempre para todo, la estrella más becaria del fútbol. Allá donde había que correr, allá estaba él.
Ha sido emocionante contarle tantos años. Leer su nombre en la camiseta del Atleti que elige mi hijo. Ha sido emocionante esta tarde, aunque yo no haya dejado de llorar. Me da igual que se fuera al Barça porque lo que nunca debería olvidar esta afición es como volvió: besando y honrando el escudo que todos llevamos al pecho. Ese que Grizi hizo más grande.
No volveremos a ver otro como el. Griezmann eterno. Porque el Atleti no va de títulos, va de huellas y de vivencias. Vivencias y huellas como las que él, y su familia, idola
@eri_chope , han dejado para siempre en esa hierba.
Os queremos. Os esperamos de vuelta.
(Y, como yo soy la reina de las caídas, sí, si no lo hago yo, lo hace mi teléfono 😆)