Fueron años de espera pero llegué al jilguero de Fabritius. Y no solo eso: pude hacerlo habiendo leído poco antes el sensacional “Trueno” de
@lauracummingart , no solo uno de los mejores libros sobre arte posibles, sino un finalista en el top 5 de la mejor no ficción del último año. Londres, Ámsterdam y La Haya fueron gracias a “Trueno” una peregrinación: lo sagrado para el Siglo de Oro holandés, aquello que nos mejora, lo que se sacraliza, los que nos cambia del mismo modo que lo hace una obra, es la vida cotidiana.
Gracias a
@editorialcritica por editar esta obra maestra y a
@charlottepapers por acompañarme en un nuevo berretín (y van...).
Estas son algunas de las obras que vi (pero habrá que volver, a ver todo de nuevo y a sumar por lo menos “El centinela” en Schwerin y la “Vista de Delft”, que no estaba expuesta en la National Gallery):
“The Courtyard of a House in Delft”, Pieter de Hooch / National Gallery
“Young Man in a Fur Cap”, Carel Fabritius / NG
“An Officer dictating a Letter”, Gerard ter Borch / NG
“The Night Watch”, Rembrandt / Rijksmuseum
“Portrait of Abraham de Potter”, Carel Fabritius / RM
“View of Haarlem from the Northwest”, Jacob Isaacksz van Ruisdael / RM
“The Little Street”, Johannes Vermeer / RM
“Three Peaches on a Stone Plinth”, Adriaen Coorte / RM
“The Goldfinch”, Carel Fabritius / Mauritshuis
“Still Life with Wild Strawberries” Adriaen Coorte / MH
“Hunting for lice”, Gerard ter Borch / MH
“View of Delft”, Johannes Vermeer / MH