toc toc toc
plak, chus
Con una humildad
de cuadernos equívocos, desdibujados,
dijo que le avergonzaba la mentira,
y puso a sus uñas negras, magulladas, de testigo.
“Mirá”, dijo, “de puro cercenar piedras a mazazos”. Pero ninguna sirvió, dijo:
“Ninguna”, “Ninguna da lo que uno busca”, infeliz.
“La mentira casi me mata” (de vergüenza, pero no lo dijo), “ahora sé, aliviado,
que no hay agua en estas piedras”.
La verdad se presenta siempre inmensa,
en medidas estrafalarias. No aquella cosa de bolsillo.
Si no se desgaja el mundo, no cabe, y lo
revienta desde adentro como un sapo.
“No creo”, dijo, “en la ley de la elegancia”,
después de matar cien piedras, mil piedras,
diez mil a mazazos. Recogiendo la siguiente,
decía: “De lo único que me arrepiento, ¿sabés?
es del primer mazazo”. Lo otro iba de suyo.
@maxialdecoa y su paso por nuestra última edición 🫶