- No he dejado de sentir cosas… no sé, no tengo palabras.
Es lo que me ha dicho mi hermana con los ojos llenos de lágrimas nacidas en mil “por qués” mientras seguimos aplaudiendo a Juan Diego Botto, que sale al escenario a tomar bocanadas de amor por cuarta o quinta vez.
Nos resistimos a dejar marchar aquello tan genuino que acabamos de vivir en el Teatro Español.
En un momento de deshumanización y desmemoria inducida y maquinada, en “Una noche sin luna” se decide mostrar la dimensión humana de Lorca: inteligente, consciente, genial, comprometido, sensible, valiente…poeta, poeta, POETA.
Con esa piel se viste con pericia y delicia Juan Diego Botto con un texto de palabras quirúrgicamente elegidas porque todas y cada una de ellas lo son por algo. Lorca y Juan Diego, Botto y Federico, te cogen de la mano desde el comienzo y ya no te soltarán ni al acabar la función, ni nunca.
La interpretación de Botto te aprehende con un talento descomunal; lúcido, sensible, maduro, bello, generoso. Se vacía entero. Te lo da todo.
La dirección perfecta de Sergio Peris-Mencheta elige interpelar, “DES-anestesiarte”. Te ofrece una vigilia con paralelismos en presente-pasado que te congela por cruda, madura y real.
A Lorca lo fusilaron pero fue tan libre que eligió, porque así era, serlo hasta el final. Los que le asesinaron, nunca pudieron arrebatarle el pensamiento, ni su amor, ni su humor, ni su inteligencia. No consiguieron ni tan siquiera que dejara de existir. Eso es lo que cuenta “ Una noche sin luna” que sin memoria no existimos y que viviremos para siempre en la memoria. - No he dejado de sentir cosas - me dice mi hermana al salir del Español. - Ni yo. Ni quiero volver a dejar de sentirlas.
Gracias
@juandiegobotto . Gracias
@perismencheta GRACIAS Federico García Lorca. ❤️