Mi post más institucional ever, pero con la felicidad que se desborda de hacer lo que más amo🤍
A mis alumnos:
Hay algo que nunca les digo lo suficiente.
Ser su maestra ha cambiado mi vida más de lo que imaginan.
Porque enseñar nunca se trata solo de dar una clase, explicar un tema o poner una calificación. Enseñar también es aprender a mirar con atención. Descubrir sus talentos antes de que ustedes mismos los noten. Ver cómo alguien encuentra su voz, sus ideas, su lugar en el mundo.
Y aunque a veces crean que no me doy cuenta, sí veo todo:
las veces que llegan cansados pero hacen el esfuerzo,
las inseguridades que esconden detrás del humor,
las ganas enormes que tienen de encontrar algo que los haga sentir vivos.
Ojalá nunca permitan que el mundo les quite eso.
Ojalá sigan siendo personas curiosas.
Sensibles.
Creativas.
Humanas.
Y ojalá algún día entiendan que muchas veces ya eran muchísimo más capaces de lo que creían mientras estaban sentados en ese salón.
Gracias por dejarme acompañar una pequeña parte de su historia. Ustedes vivirán en la mía para siempre.
El teatro salva vidas. El teatro me salvó❤️🔥
Y cuando la tabla te llama, no hay más que decir SÍ.
Develación de placa de “El Juego de los Amantes” por 70 representaciones.
Gracias a lo que nos acompañaron🙏🏻🤍
Me puse a pensar esta semana, que a veces quisiera que las cosas duraran para siempre. No por miedo al cambio, sino por lo que significan mientras existen. Hay vínculos que se sienten tan propios que cuesta imaginar la vida sin ellos, como si fueran parte de la estructura misma de quiénes somos.
Y aunque me gustaría que todo durara para siempre, también entiendo que hay cosas que, al descansar, encuentran su forma más honesta de permanecer. En la ausencia o la presencia, el resultado es el mismo. Algo permanece. Un recuerdo, un chiste, una canción, una carta, una foto. Y eso, eso sí es para siempre.