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@santimaz @raul.siete Pilar Fatás y Sofía Cuadrado
3 de julio 2025 - 28 de septiembre 2025
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En esta sala no descubrirán nada, solo encontrarán huellas, indicios que se ocultan deliberadamente. En esta sala, los hallazgos han vuelto a su lugar original, a la sombra o bajo tierra, donde yacían antes de nombrarse, antes de que un método, un lenguaje unívoco y una voluntad científica los convirtiera en conocimiento. En esta sala, no hay ciencia que domine el entorno ni fuerce la comprensión del visitante. Este espacio está, por lo tanto, lleno de posibilidades. Veladas, eso sí, para que la interpretación no sea una imposición sino una experiencia propia, privada y, quizás, incomunicable.
En esta sala se ocultan los hallazgos: se invierte el proceso de codificación y etiquetado de los descubrimientos, el recorrido metódico de la recolección, la representación y la conservación del objeto descubierto. Por eso, encontrarán fragmentos de minerales, restos vegetales sin raíz reconocible y fotografías —revelaciones— recolectadas en el entorno de este museo, hallazgos que se ocultan a los ojos del visitante para proteger así su significado. Enterrados bajo una capa de cera, apenas son reconocibles: si no hay reconocimiento, no hay significado; sin significado, no hay lugar para la ciencia, aunque sí para la intuición. Encontrarán también símbolos que se resisten a la traducción —traduttore, traditore—, que a pesar de todos los esfuerzos no son interpretables, pero que aspiran, como toda forma y todo gesto, a concretarse.
Como en un sello que dignifica lo sellado, lo que aquí se preserva oculto recupera su potencia original como signo, como señal y como principio. Quizás así preserve la posibilidad de una manera de conocer sin traicionar lo conocido, de aprehender el entorno sin dominarlo. En esta forma posible, siempre que comprendemos algo, algo escapa a nuestra comprensión, y en esta falla también hay conocimiento.
Texto de Santiago Mazarrasa