Yo simplemente tuve la fortuna de ser tu hermana.
Fue una suerte, la decisión de Dios o de alguien muy sabio que sabía cuánto bien ibas a hacer en mi vida. Alguien que te trajo al mundo sabiendo que un hombre como tú no habría muchos y que aquellos cercanos a ti tendrían una bendición, una inspiración y a alguien siempre incondicional.
40 años y me parece tan poquito, tan rápido… te lo dije hoy y lo diré siempre; espero mínimo 40 más de escuchar tus chistes malísimos explicados (que a mí me dan risa), de admirar tus ganas de comerte al mundo, de verte ser un gran papá, un gran esposo, un gran hijo, el mejor hermano del universo y entre tanto sencillamente un gran hombre.
Mi hermanito, ese que pone la vara altísima a todos los que lo llegan a coincidir con él. No deseo más que alegrías para ti, una vida de gozo, de salud y de amor. Que todo lo que sueñas se haga realidad.
¡Feliz cumpleaños! Festejo tu vida hoy y siempre.
Eres un regalo para todos los que estamos cerca de ti.
Te amo con todo mi corazón.
Hay gente así como tú (pero muy muy poca) que aparece en tu vida de repente sin mucha explicación más que la suerte de coincidir.
Gente que viene a iluminar los días grises, a transformar lo ordinario en extraordinario y a hacer que las madrugadas infames sean más ligeras y divertidas.
Desgraciadamente no te conozco desde hace años. No te vi andar navegando el mundo o estudiando por Luis Cabrera y también me perdí de la época en que tenías un fantasma en tu clóset (gracias a Dios).
Pero en el momento preciso encontré uno de los regalos más bonitos de mi vida: tu amistad.
Una amistad que enseña, que acompaña, que divierte (hasta en los momentos menos oportunos) pero que también aconseja y regaña con toda la sinceridad y crueldad que solo un amigo puede tener. Una amistad en el trabajo y en la vida; en los días más tristes, en los más aterradores (como cuando hay que ir al dentista) y también en los más felices, como este en el que te vi casarte con el amor de tu vida en compañía de tu familia y mucha gente que amas.
Me llena de alegría saberte feliz, saber de cierto que encontraste a un hombre increíble que tomó tu mano y te cuida y cuidará siempre, que te conoce, te entiende y que ve en ti al hombre de su vida. Un hombre que se convirtió en tu hogar y en tu compañero, un hombre que te da la calma, la complicidad y todo el amor que mereces.
Gracias por permitirme estar a tu lado este día tan importante para ustedes. Celebro su amor, celebro tu vida, tu alegría y tu paz.
Les deseo toda una vida de plenitud y amor. Que siempre te sorprenda Adriano con bailes hawaianos, que siempre lo mires como lo miraste en su boda. Que sus manitas permanezcan tomadas hasta que se hagan viejitititititos y que su complicidad dure una eternidad, porque estoy segura de que en la siguiente vida se vuelven a encontrar.
Y espero, si tengo la fortuna suficiente, ser testigo de todo esto y seguir acompañándote en tu camino.
¡Te amo mucho, Jorge bebé!