Hoy Pablo se sentó en esa sala que ven ahí, en Dickinson Hall, en el departamento de historia que por fuera luce neogótico y por dentro luce así como ven, moderno. En fin, se sentó y presentó la tesis en la que estuvo trabajando incansablemente desde que lo conozco y antes también. Y nos dejó boquiabiertos. Pero no lo digo yo porque sea su esposa y esté profundamente enamorada de él, sino que lo dijeron los del comité, entonces, bueno. Y eso, si sigo hablando me emociono tipeando frente a la pantalla. Solamente siento orgullo, admiración y alegría. Es un placer acompañarte Pablo. Me inspiras todos los días.