Pasó mucho tiempo desde la última vez que salí a hacer fotos por placer, por inspiración, abrir convocatoria para crear de forma colaborativa con algunx artista que admiro.
Me encontró en un lugar distinto. Para empezar la locación la descubrí en pleno paseo destinado a entretener a Kai, desprevenida. De repente vi el lugar y dije acá tengo que hacer algo. Y vi la estética de las fotos, vi el flashazo, vi los colores estridentes, vi cómo quería que fuera la edición de color de post.
Me gusta no controlar todas las variables cuando salgo a hacer fotos. La vida sorprende y por lo general supera. En este caso fue así. Luco es increíble, a su vez se contactó con
@rotx.ropadeautor que le hizo un vestuario perfecto, mucho mejor que lo que había propuesto / me había imaginado. Cuando hago fotos colaborativas me gusta que entre todas las partes podamos levantar la apuesta.
Esa mañana Luco me avisó que llegaba tarde y yo estaba sentada en la plaza preocupada porque cada vez había más niñxs corriendo por todos lados. Pensé que por la hora ibamos a estar solas. Me preocupaba que se quejara alguien. O que lxs niñxs por curiosidad intervinieran en las fotos.
Cuando las cosas tienen que salir bien, salen muy bien.
No solo no se quejó nadie sino que una vez más confirmo que las infancias con su naturalidad tienen reacciones mucho más esperables que adultxs. Nos pasaban por al lado, miraban curiosxs y seguían su juego.
Las fotos son más que lo que me imaginé y a la vez exactamente esto. Y abrieron nuevamente una etapa de reconexión con quien soy como fotógrafa, con un camino nuevo disponible para expandirme con esta estética y este juego.
Gracias por acompañarme en el viaje.