Madrid me salvó la vida y me lo llevo tatuado.
Atravesaba por una profunda y muy oscura depresión tras mi salida de la empresa que fundé y amé. Me sentía inútil, tonto, que todo lo que había hecho era suerte, que mis capacidades no existían y encima, no podía trabajé ni ejercer en “lo mío” por la cláusula de no competencia tras la venta de la empresa. Ni siquiera me levantaba de la cama. Sentía rabia, odio, miedo, pena, ganas de morir.
En ese oscuro panorama, apareció la posibilidad de Estudiar un MBA en gestión deportiva en la escuela del Real Madrid. Más como un escape que otra cosa.
La familia apoyó y tomamos este tremendo desafío. Estaba muy nervioso, sentía que no estaba preparado. Incluso fui al neurólogo para pedir pastillas para la concentración y el TDH.
Y en Madrid volví a nacer. Me gané el cariño y respeto de mis compañeros y profesores, volví a reír a carcajadas, a cantar y bailar. A pensar, analizar, a aprende de nuevo, a trabajar en equipo, ¡y qué equipo! Nuestro proyecto de título fue el mejor de la escuela, mis compañeros me eligieron el mejor compañero del curso, a dos meses de terminar el Master, me contrataron como gerente comercial en Betsala y al año siguiente, desafié mis temores y di una clase en inglés en otro Master y finalmente, di clases en el mismo MBA al que vine con mucho miedo, y que al final, nunca usé las pastillas que me dio el doctor.
Me sané con amor, con mi familia, con gente que creyó en mí más de lo que yo mismo creía. Obvio, también con música, fútbol, cañas, tapas, copas, viajes, amigos, risas y momentos mágicos.
Hoy nos volvemos a Chile por nuevos desafíos, con muchas ganas de asumir retos, retomar afectos, cariños, amistades y está con la familia.
Quería contarles mi historia, porque como dijo Benito, “tú también deberías creer en ti. Vales más de lo que piensas, créeme”.
Amigos, los quiero mucho. Nos vemos en Chilito.
Gracias Madrid y gracias España por tanto, espero verlos pronto.
3 months ago