De Borges.
<Cuando nos anonada la desdicha, durante un segundo nos salvan las aventuras infimas de la atención o de la memoria: el sabor de una fruta, el sabor del agua, esa cara que un sueño nos devuelve, los primeros jazmines de noviembre, el anhelo infinito de la brújula, un libro que creíamos perdido, el pulso de un hexámetro, la breve Ilave que nos abre una casa, el olor de una biblioteca o del sándalo, el nombre antiguo de una calle, los colores de un mapa, una etimología imprevista, la lisura de la uña limada, la fecha que buscábamos, contar las doce campanadas oscuras, un brusco dolor físico.>>
Cito a Rubén Dario.
«Y así voy, ciego y loco, por este mundo amargo; a veces me parece que el camino es muy largo, y a veces que es muy corto...
Y en este titubeo de aliento y agonía, cargo lleno de penas lo que apenas soporto. No oyes caer las gotas de mi melancolía?»
Dijo Pessoa .
. «Transenúentes eternos a través de nosotros mismos, no hay paisajes sino el paisaje que nosotros somos. Nada poseemos, porque ni siquiera nos poseemos a nosotros mismos. Nada tenemos porque nada somos. ¿Qué manos extenderé hacía que universo? El universo no es mío: soy yo»