Este año sentí muchas ganas de vivir la marcha desde adentro, de poner el cuerpo, de ser cuerpo con otres. En esa búsqueda caí en una de las trincheras performáticas más hermosas del último tiempo,
@findeunmundo . Lo hice con la complicidad de mi gran compa de aventuras
@cian_dessal .
La propuesta de FUNO para esta marcha fue representar las cinco décadas de resistencia: le pusimos el cuerpo a las juventudes de los 70s y 80s, a las Madres, a los piqueteros, a los cacerolazos, a lxs jubiladxs, a los pueblos originarios, a las disidencias.
El vestuario fue una pieza importante. La consiga era crear una segunda piel compuesta por capas de texturas en negro profundo. Armé el mio ensamblando prendas rotas y enteras, algunos retazos y un par de arneses. Esa superposición de capas le dio cuerpo al relato de las luchas colectivas y, personalmente, me llevó a pensar en la propia identidad: una construcción hecha de las huellas y cicatrices que nos va dejando la experiencia vivida.
Cada unx llevó un pañuelo blanco intervenido con lo que más le resonaba de las luchas. El mío dialoga con el 2001, ese hito que marcó mi adolescencia y que desde hace dos años volvió a ser el eco que habitamos. Porque, como decía otro pañuelo en la marcha: ‘No es pasado’.
@findeunmundo ensaya la utopía de otros mundos en tiempo presente. Nos revela que esos mundos —más empáticos, amorosos y de cuidado mutuo— no son una promesa lejana ni un horizonte inalcanzable. Existen y se hacen carne en el pulso de cada ensayo, en la entrega de cada performance y en la red que tejemos al estar juntes.
(foto 3:
@marchaorgar )