A mis muertos yo los veo.
Sería la más grande de las utopías
creer que por un instante,
se escurren en la nada,
como ofrendas -
varadas en la ilusión del momento anterior
al segundo que me asiste;
el presente.
Ese es un muerto fresco.
Todavía le queda un suspiro,
el sueño de la vida eterna.
Sin embargo, permanece ahí,
inmóvil -
en la espera de que aquella pregunta
resurja desde su agonía:
¿Quién fui yo segundos atrás?
Día -
Cuando vemos con gentileza la vida avanzando afuera, se muestran las propias disonancias internas.
Cuando escarbamos en nuestras escondidas contradicciones, aprendemos a comprender un poquito más esta realidad.
Es el intercambio divino -
constante, que no se detiene
ni por un vasito con agua.
Dos segundos bien vividos, nos pueden pegar mil horas de una historia quebrada.
Nos deseo que la búsqueda personal nos siga regalando amistades. Que la vida no nos deje de dar de qué escribir.
🕯️
Noche -
Les cuento que en lo últimos nueve meses anduve en un camino mágico hacia lo salvaje. Hasta este momento no me había permitido ser nítida de manera pública acerca de la experiencia. Cómo descubrí en ese mismo proceso, aceptarme vulnerable había sido un miedo viviendo entre mis sombras. Me daba terror abrir la puerta, no porque algo fuera a doler, sino por proyectarme frágil. Y es que en esta realidad que atravesamos, ¿que cringe demostrar que algo te importa, no? Vulnerabilidad, en la gran enciclopedia de la mente colectiva inconsciente, es sinónimo de debilidad, de algo que se tiene que esconder e incluso rechazar. Y aunque sigo en el proceso de desmitificar dicha idea, ahora puedo ver que no podría estar más alejada de la realidad. La verdadera revolución está en sentirnos, procurarnos, retomar nuestra humanidad.
La receta para el reencuentro con el alma salvaje requiere voluntad, silencio, y un chingo de confianza en la vida. Se cocina despacio, siguiendo el ritmo natural de ebullición. Y sí, a solas. Sin embargo, hay una fuerza bestial y ancestral en avivar el fuego interno a lado de mujeres que están encendiendo el propio fuego en paralelo, ahí desde sus propias ventanas. Somos contenedoras. Somos hogares acompañando a otros hogares.
En manada no da miedo nada, y yo a estas mujeres ya las llevo en el corazón.
Y le dije: “Me siento profundamente agradecida de poder marcar una diferencia, sea de la forma que sea. Creo que ese es el objetivo último y más auténtico que tenemos como seres humanos cuando nos damos el permiso de escarbar en lo profundo, vivir nuestros días con la esperanza de que lo que hacemos tendrá un impacto en el otro. Un impacto positivo.”
Leer su mensaje me hizo sentir que todos esos años en los que pensaba estar equivocada en absolutamente todo, que navegaba en la inocencia dañina y ahogada, en realidad formaban parte del viaje que el día de hoy vería con claridad. No había manera de saberlo en ese momento. Que la experiencia sucediera era, es y seguirá siendo parte del guión, porque como dicen por ahí, la obra no termina hasta que se termina.
Tener la plena consciencia que nuestra vida toca constantemente la vida de otros, me confirma que lo más valioso que poseemos es nuestra capacidad de decisión. ¿Qué quiero hacer y cómo lo quiero hacer? ¿Qué quiero decir y desde donde? La conexión que cada uno genera desde el yo individual hacia los demás (considerando a la especia humana y a todas las demás especies), es a mi parecer, la más grande responsabilidad que sostenemos como seres sintientes.
Y si esto no le da un sentido profundo a nuestras vidas, entonces no se qué más puede ser 🍃✨