Conocí Madrid en el 2012, me prometí volver enseguida y pasaron 13 años y medio. Sigue hermoso, limpio, ordenado. Una divinura. Pero lo que más me fascina de Madrid es que hay mil bares por cuadra, y todos con gente adentro. A toda hora, de todas las edades. El bar como ritual, como punto de reunión, como eje para generar vínculos y como condición para la defensa de la importancia de lo “aurático” en el encuentro con el otro. En Madrid también vive mi adorado amigo Carlos Matías, con quien nos conocemos desde que éramos bien chiquitos, se instaló allá hace muchos años y hacía 8 que no nos encontrábamos. Mati, además de armar una familia preciosa, armó un bar precioso, Newen, justamente, una de estas zonas de custodia del encuentro colectivo, un museo donde conservar el hito de la reunión. Que él también disfruta, que él también defiende ayudando a generar comunidad. Un guardián invencible, además de un Chef tremendo (la tortilla que prepara este pibe es para quienes gustamos del buen comer lo que la ostia para el cristiano más acérrimo). También estuve en otros museos, (el Thyssen-Bornemisza y el del Prado), otros espacios en donde se defiende lo aurático, y ahí me encontré ya no con chorizos y jamones increíbles, sino con otras maravillas artísticas con las que hace rato quería encontrarme en persona. Atardeceres expresionistas, casas junto al río, mujeres en el baño, jardines llenos de delicias (¡más delicias!), meninas, infantas, fusilamientos, caballeros con manos en el pecho… Y hablando de delicias, probé el rabo de toro en Casa Ricardo, una fiesta. Ah, también pasé por Puerta de Hierro (un rato antes habíamos estado en el Perón Perón madrileño) y le pedí al General que los muchachos y las muchachas peronistas se dejen de joder y organicen un poco el asunto 🙃. Vayan a España, salgan de bares, charlen con gente, coman, beban y sean felices. Y si van a Madrid, la parada obligatoria es en
@newencafebar , en el precioso barrio de Chamberí.
PD: Fin de la bitácora, llegué a casa esta mañana, crucé el Atlántico leyendo un poemario de Emily Dickinson traducido por la Ocampo que compré allá, con unas nubes preciosas por debajo y otras tantas adentro de la cabeza.