Es el cielo, el polvo y nada mas. Baila el horizonte y los espejismos del sofocante calor sugieren infinitos mares frente a nosotros. Hay pocos lugares tan secos como este, donde envueltos por polvo c贸smico, encontramos hasta los mas antiguos vestigios en el suelo y al levantar la vista, observamos las mas lejanas estrellas. El desierto es generoso. He pensado que privilegia a la memoria.
El tiempo del desierto es contemplaci贸n y espera. Las altas temperaturas y sus onduladas mareas distorsionan la vista, impidiendo olvidar las expectativas del oasis. No queda mas que enfocarse en lo pr贸ximo, el suelo y sus miles de historias. La luz de la tarde permite ver sombras de objetos enterrados y las profundidades de las cuevas comienzan a oscurecerse. Cuando cae la noche, puedo caminar y observar tranquilamente. El desierto es un espacio liso de caminos errantes atados a la propia naturaleza del trayecto. Recuerdo a los pensadores de Mil Mesetas, la inmensidad del desierto no es mas que un c煤mulo de acontecimientos sin limites.
En la noche brotan reflexiones. Pienso en el cielo, la meditaci贸n, la ilusi贸n, el tiempo y la luz 驴C贸mo se siente caminar en un espacio tan lleno de vacio? El desierto no se posee, se atraviesa y mi aliento se sostiene por la posibilidad del oasis. A cada paso, la arena deshidrata las plantas de mis pies y a mi alrededor encuentro antiqu铆sima tierra roja como Marte. Veo blancas piedras erosionadas por el agua que alguna vez cubri贸 este polvo, camino un poco, encuentro plantas petrificadas; se levantan polvaredas doradas y surgen juegos 贸pticos que me hacen ver dobles horizontes, hay breves nubes y biznagas.
Lo mas f茅rtil del desierto son las ideas. Ma帽ana descubrir茅 el agua oculta y recordare entonces que aqu铆 se premia a la memoria .
Extracto por Isabel Deheza