Cómo aprendí a querer al picudo rojo
(Boris Gallega - Saldo insuficiente)
Ahora que el largo conflicto entre las coníferas y los palmeroides está llegando a su fin, confieso que siempre estuve afectivamente en el primer bando.
Mis primeras vacaciones transcurrieron en cuadrículas trazadas entre bosques de pinos. Atravesar montecitos de pinochas camino a la playa, recoger piñas para prender el fuego, asustarme de madrugada, en medio de la tormenta del verano, por la posible caída de alguno de aquellos árboles sobre la casita que habían alquilado mis padres. Mi infancia está atravesada por sensaciones así, y especialmente por el perfume elegante y cargado de promesas que salía de los pinos e inundaba tantos balnearios modestos.
Recuerdo también caminatas con mi padre en las que contábamos pinos, cipreses, abetos, por un lado, y pindós, butiás, yatays por el otro. Él decía que la nuestra debía ser la única ciudad en la que convivían tantas especies del frío y tropicales, y le parecía que eso decía algo de la esencia del país. Mamá no hablaba del tema, pero era la encargada de conseguir una rama de cedro en cada Navidad.
De adolescente, tras una insolación en un pueblo costero sin electricidad ni vegetación amigable, me di cuenta de que no quería a esos árboles que no daban ni sombra, ni leña, ni frutos, salvo unos coquitos para saborizar un destilado deprimente. ¿Eran árboles, después de todo, las palmeras típicas de esa comarca? Llegué a discutirlo con un nativo mientras tomábamos la bebida bestial y digamos que no me convenció su argumento estético. Los palmares se agrupan en zonas anegadas que, excepto por la humedad y los mosquitos, tienen todas las características de la tierra reseca.
A pedido del público, el 'Diccionario de la política uruguaya' vuelve a las librerías con definiciones como:
Michelini, Rafael: Joven promesa sexagenaria de la socialdemocracia
Petinatti, Orlando: El Vargas Llosa que la derecha uruguaya pudo conseguir.
Caram: Clan artiguense dedicado a la explotación de horas extra en la intendencia departamental y a demostrar que la familia debe ser la base de cualquier sociedad delictivarebosante
Amodio Pérez, Héctor: Tupamaro que colaboró con los militares. Según sus excompañeros, lo hizo en forma excesiva.
Lo de anoche fue de otro mundo. Cada miembro de los Damned transpira alegría por haber sobrevivido, como persona y como grupo, y también, se me ocurre, por la supervivencia del género que encarnan tan bien, el rock, con su mezcla de entrega, espectáculo y enigma. No es fácil elegir qué temas tocar cuando se tienen tantos himnos, pero ahí se nota lo otro, los años de carrera. Zorros, sobrios, sensibles, el Capitán y Vanian leyeron nuestro ánimo y nos llevaron de la mano hasta el último bis, el de las dos partes de Smash It Up. Solo se veían caras de felicidad a la salida, y la sala había estado repleta. Prometieron volver pero ya cumplieron. Qué glorioso haber estado.
Creo que lo escuché el día que salió. Alguna alarma me avisó esa misma mañana. Tuve que repetirlo porque lo que decían me ponía demasiado feliz. "And we will talk about those midget submarines". Primera frase. "Midget submarines" es un tema que me obsesiona de una banda que también me atrae como un imán intermitente, los Swell Maps. Y la cita viene de la banda a la que siempre vuelvo y siempre vuelve, los Jesus. Puede ser previsible, si lo pienso bien: todos somos postpunks. Pero no deja de ser lindo. Creo que el tema habla de una especie de paraíso donde hablaremos solo de lo que nos interesa.
Las partes más graciosas del cuerpo
El 27 de septiembre de 2023, O Jornal do Povo publicó un artículo titulado “Las 10 partes más graciosas del cuerpo humano”. Tras citar una encuesta online, la nota sin firmar listaba: 1) El pene 2) Las nalgas 3) La vagina 4) La nariz 5) El rostro 6) Las orejas 7) Los testículos 8 ) Los senos 9) Las cejas 10) Los pies.
El artículo figuró algunos días entre los más leídos del medio y luego fue perdiendo popularidad, hasta que el comentario de una lectora despertó una discusión que luego se trasladó a diversas redes sociales. La lectora observaba que el ranking favorecía al cuerpo masculino, dado que no solo el primer puesto lo ocupaba el órgano reproductivo externo del hombre, sino también el hecho de que el segundo lugar recayera en un elemento compartido por ambos sexos, para recién destacar en el tercer escalón un órgano exclusivamente femenino.
Debido a la cantidad de comentarios que suscitó esta observación, el artículo ganó nuevos lectores, lo que a su vez reavivó el debate en diversos foros. Uno de ellos, alojado en los servidores de la Universidad Federal de San Pablo, promovió una recolección de firmas para exigir al Jornal do Povo que revelara la ficha técnica de la encuesta. Al poco tiempo, la dirección del diario obligó al editor de la sección Vida Saludable, José Luiz de Paiva Netto, a publicar una nota aclaratoria.
En ella, el periodista explicó que él había sido el autor del artículo, que lo había escrito durante una tarde en la que se había quedado sin material, manifestó que todo el episodio no hacía sino remarcar su olfato profesional para captar asuntos de interés general, y admitió que la base de la lista había sido una conversación informal escuchada tras un encuentro de futbol social en las instalaciones del Clube Arão Gomes Becerra, de Rondonópolis. Paiva Netto también destacó, quizás para defender la representatividad de los resultados, que en la charla de vestuario habían participado entre doce y quince personas.
(sigue)