Ha sido enriquecedora, sabrosa y muy provechosa mi nunca suficientemente larga estancia en Valencia de la mano de mi amigo Edu Torres, ese psicópata del arroz que pilota la firma Molino Roca y recorre el mundo divulgando que la paella es un ejercicio de precisión y, además, un icono de todos los españoles, españolas y españolis, porque dime tú a ver cómo encaja aquí el lenguaje inclusivo de marras. Que la herramienta y su nombre no son patrimonio exclusivo de los valencianos, vaya, algo de lo que uno se da cuenta con solo pedir "una paella valenciana", de modo literal, en la tierra de las flores, de la luz y del amor. Yo lo hice en cinco lugares diferentes y observé que ni sus embajadores populares se ponen de acuerdo: unos utilizan garrofón congelado, cultivado en América, y otros recurren al fresco, de proximidad; hay quien se sirve de caldos industriales, incluso de atinados preparados deshidratados, mientras otros presumen de elaborar ellos los referidos elementos líquidos; y qué decir del romero, cuando yo lo utilizo simplemente para esparcir el grano mientras que el vecino infusiona verdaderas ramas a lo largo de toda la cocción.
Además, el caso es que unos le echan, como proteína, solo conejo y pollo, pero no falta quienes suman, caramba, conejo y pato de La Albufera o de donde sea. Ah, el color lo puedes lograr con infusión de azafrán, aunque no falta quien aplica un barniz old school casi fluorescente destapando el bote de colorante alimenticio. Y todas están buenas. Y todas se llaman valencianas. A ninguna me atrevo a llamarle arroz con pato, caracoles y más cosas. Y mira que soy osado.
@molinorocaarroz@edutorres_molinoroca@vivecocoa@lasbairetas@sequerloblanch
Baltic porter, hazy IPA, amber, geuze, pastry stout, gose, lambic… La afición de los vitorianos por beber cerveza artesana floreció hace tres lustros y esa inclinación se aprecia hoy en la existencia de un buen número de establecimientos, en buena parte bares de barrio y negocios familiares reinventados, que ofrecen cientos de referencias tanto en barril como en lata y botella. Solo Kitsch, Guernica, Abisinia, Birrak y La Grange exprimen a diario más de medio centenar de grifos; no obstante, mi selección para El Correo (seis bares para entender la pasión de Vitoria por la cerveza artesana) va más allá del mero volumen y también tiene en cuenta a quienes propugnan la difusión del conocimiento ‘craft’, organizan catas y otras actividades culturales e incluso fabrican su propia birra.
Por supuesto, no falta en ella Kitsch; el maestro cervecero Javier Aldea abrió en 2005 este local señalado de manera unánime como pionero y piedra angular de la fiebre gasteiztarra por la cerveza artesana. Localizado en un empinado cantón del Casco Viejo, cuenta con 16 cañeros, alrededor de cien latas completan una selección volcada en producciones internacionales y también anuncia “vinilos guapos y buen rollo”, por lo que no faltan conciertos ni DJs. Desde 2015 está al mando Aitor Moreno, responsable también de Birrak, y cualquier día puedes encontrar tras su barra a María, protagonista de la primera fotografía.
Link en primer comentario.
@kitschvitoria@masanru92@mariaq@abisiniagasteiz@bar_naski@cerveceria_basajaun@guernica_gasteiz@garagart_brewery@birrak_bar@elcorreo_com
"En nuestro restaurante no están permitidos ni los disfraces, ni los cánticos, ni cualquier distintivo para el homenajeado/a". Así advierten a los incautos en La Pepica (Valencia) de que allí no son bienvenidas despedidas de solteros y solteras. A este restaurante de marcado ambiente oldschool, abierto originalmente en 1898, no se acude a hacer el mamarracho con un falo de pega en la crisma, uno se acerca a la playa de la Malvarrosa a comer la paella Pepica, como antes hicieron Joaquín Sorolla, Vicente Blasco Ibáñez y Ernest Hemingway. Como cientos de personas continúan haciendo a diario atraídos por lo sencillo y gratificante que resulta comer un arroz de Molino Roca con su calamar troceadito, su gamba pelada (¿le gusta así al señorito?), su infusión de azafrán y un caldo elaborado allí mismo con verdura, galera, cangrejo y pescado de roca.
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Cuando ejercía la abogacía en su país, aunque tenía un negocio de catering, la limeña Patricia Handabaka nunca imaginó que terminaría cambiando la toga por el delantal. Pero así ha sucedido, el amor la trajo a España y 20 años después, tras hacer sus pinitos en repostería, comanda en Astillero (Cantabria) Sazón & Fusión, un gastrobar donde comparte protagonismo con su pareja, el sumiller santanderino Alfredo Torrijos, de ahí que su despensa, su minúscula cocina, su barra y sus pocas mesas tiendan puentes entre España y Latinoamérica. Ella prepara tanto ceviches como sándwiches peruanos, tostas y pulpo al olivo, y él se esfuerza en alcanzar la armonía con vinos cántabros. No en vano, es presidente de la Asociación de Sumilleres de Cantabria; normal que el establecimiento sea sede de la misma y acoja con regularidad maridajes y catas dirigidas a hosteleros, empresarios y “gente disfrutona”.
“Queremos traer lo clásico en cocina peruana, sus platos bandera, pero el propósito es abarcar más y tenemos propuestas para todos los paladares. En la misma mesa pueden comer ají de gallina, una burrata italiana, unas anchoas de Santoña, un poco de foie gras de pato que hacemos aquí y rillettes” describe la anfitriona a modo de declaración de intenciones. De ese modo, la oferta gastronómica asimila otras influencias internacionales, lo mismo de México que de Francia, y la esencia peninsular se aprecia nítidamente en un amplio apartado entregado al picoteo y los platillos a compartir, sembrado de embutidos del Valle de Los Pedroches, quesos y conservas. Una alternativa tan sabrosa como inteligente, pues concede una tregua a la cocina y pocos se resisten a una ración de jamón de bellota recién cortado a cuchillo, aunque la casa de Patricia y Alfredo es conocida principalmente como embajada culinaria de Perú.
Lo cuento en @gastronosfera
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Creo que nunca antes había comido anchoas del Cantábrico en salazón con ajo crudo laminado. Resulta que es la especialidad de Casa Guillermo, un despacho de comida y bebida atornillado a El Cabañal (Valencia) desde 1957, una aseada taberna con detalles vintage que basa su atractivo en la desnuda sencillez del producto y refulge, 70 años después, como templo local del picoteo y la compartición, como una escala atractiva y más que atractiva para el homenaje y el simple tentempié. Con conservas, tapas y raciones frías y calientes, montaditos, bocadillos, exotismo de proximidad (torrezno de Soria, morcilla de Burgos, mojama de Isla Cristina, moluscos de las rías gallegas...) y sabrosos guiños a su tradición.
#anchoas #valencia #casaguillermo
En el escaparate inicial de la marisquería Ipar Itsaso (Barrika, Bizkaia maitea), en ese mostrador - pescadería donde comienza la visita y formalizas el grueso de la comanda, conviven distintos moluscos (volandeira, navaja de Pedreña…) y crustáceos (carabinero, langostino, gamba blanca, camarón tigre, que puede superar el medio kilo…) con platos ya cocinados (chipirones en su tinta, salmón y lubina marinada…), elaboraciones pendientes del toque final (croquetas, txangurros…) y piezas enteras de pescado. Entre éstas se cuentan cualquier día lenguados, rodaballos, meros, rapes, arraingorris (rubios), lubinas y besugos que gustan de preparar al estilo Orio, con aceite, vinagre, vino blanco y ajo a modo de ‘agua de Lourdes’. Y para los pescados planos, más gelatinosos, solo aceite y limón. Además, cuenta siempre con percebe y almeja procedentes de Galicia, ostras de Marennes-Oléron, besugo del Cantábrico y de Tarifa, rodaballo de Marruecos y de nuestra costa, salmonete y rape de Bermeo, entre otros.
"Mi intención es que la gente coma bien de una manera informal, que salga contenta; servir marisco y pescado lo mejor que pueda al mejor precio”, resume su responsable, Iker Sáez de Ibarra.
Lo cuento en Gastronosfera.
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Franco-Españolas’: al otro lado del puente
Bodegas Franco-Españolas se encuentra al otro lado del Puente de Hierro, a la vista de cuantos paseantes bordean el río Ebro y de quienes abandonan la ciudad rumbo al País Vasco. O a este lado, si realmente llegas a ella y prácticamente te da la bienvenida esta casa fundada en 1890 por el bordelés Frederick Anglade Saurat. Su nombre, de hecho, evoca el tiempo en que los franceses arribaron a La Rioja dispuestos a reemplazar los viñedos destrozados por la filoxera y tiene el privilegio de ser la única bodega centenaria en el casco urbano de Logroño, a sólo diez minutos a pie de la calle del Laurel y su trajín de chatos, pinchos y tapas.
Sus banderas son, desde un primer momento, Diamante -pionero entre los vinos semidulces de Rioja- y Bordón, aunque este se llamó en un principio Estilo Borgoña y, posteriormente, Rioja Bordón. No han sido pocos los cambios experimentados en un espacio donde se jactan de ser “descaradamente clásicos” y promocionan las ediciones limitadas de Bordón (Viña Sole, D’Anglade crianza y D’Anglade reserva) como los vinos que “le gustaría elaborar” en el siglo XXI al mismísimo Frederick Anglade.
En sus instalaciones se han programado conciertos acústicos en el marco del festival Actual, representaciones del certamen +Teatro con Diamante, proyecciones de un ciclo de Cine de verano y desfiles de prendas otoñales en su particular Día de la Moda. Y sí, el rey Alfonso XIII y Ernest Hemingway visitaron la bodega antes que tú, pero ellos no pudieron realizar una cata que enfrentara sus vinos con los ribera de Valparaíso, otra propiedad de la Familia Eguizábal, posibilidad que hoy sí se ofrece.
Lo firmo en Guía Repsol.
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📸@riojabordon
🖥️📱@guiarepsol
De todos los enredos de este fin de semana de noticias consternadoras, el más sabroso llegó en platillo y en lugar inesperado para mí, el bar Gouda, la antigua "taberna holandesa* de Biescas (Huesca). Cierto es que outdoor había unos jóvenes dispuestos a dar buena cuenta de torreznos de Soria y pinchos de tortilla tan intimidatorios como un adoquín de hormigón, pero no esperaba encontrar al fondo de la barra unas tentadoras madejas (5,50 €). Así se llama ese placer casquero de raíz aragonesa que concede el protagonismo al intestino delgado del cordero, convenientemente enrollado en forma de ovillo, en una enésima evidencia de la grandeza de nuestra cocina de supervivencia y máximo aprovechamiento. Un manjar que disfruté con una Affligem y muy bien atendido, además.
Apréciese su similitud con los zarajos de Cuenca y los embuchados de La Rioja.
#madeja #madejas ,#casqueria #biescas #huesca @tabernaholandesagouda@affligembier@affligembeer@heineken_es
El placer y el privilegio de comer con frecuencia marisco de calidad se ha asociado toda la vida a las más altas esferas sociales, a círculos artísticos y empresariales (de éxito), a burguesía, nobleza y realezas. Se ha contemplado como un hábito asociado al lujo o un dispendio reservado a contados días de celebración. Sin embargo, en Barrika (Bizkaia) ese cariz aspiracional se diluyó en agosto de 2018 con la apertura de Ipar Itxaso, un establecimiento especializado que se puede percibir como un fallo en la Matrix; basta echar un vistazo a su listado de precios y a la frescura del producto.
Ocupa un caserón que antes había acogido un restaurante y discoteca; así, donde había botellero, luces de colores, altavoces y pista de baile ahora encuentras el mostrador de su pescadería y viveros provistos de un marisco vivo cada vez más escaso, principalmente cigala, bogavante, langosta, nécora, camarón, buey y centollo. De hecho, cuando llegas por primera vez allí la impresión es similar a la de ir a un mercado: te plantas frente a un expositor, inviertes el tiempo de espera repasando con la vista la oferta de pescado fresco, su tamaño y su precio al peso, por kilogramo, y, llegado tu turno, realizas la pertinente compra. La diferencia es que aquí no tienes que regresar a casa cargado para preparar la comida, pues lo adquirido va directamente a cocina para ser preparado al momento y a tu gusto, lo mismo en parrilla que a la plancha, cocido o frito. Mientras, te acomodas en sus comedores y tienes otro par de mostradores donde solicitar la bebida y, a última hora, los postres caseros, desde tiramisú a tarta de queso y hojaldre relleno de nata y crema pastelera.
Lo cuento en Gastronosfera.
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No he paseado ni pocas ni muchas veces por delante de su fachada acristalada, pero todas ellas me ha pasado desapercibida la presencia de la pequeña y concurrida cafetería Iturralde, un rescoldo del buen gusto en plena Avenida de la Libertad donostiarra. Hasta hoy, que he comprobado las bondades de su atento y diligente servicio de aroma old school, pajarita incluida, así como las de una amplia oferta de infusiones y cafés que evita caer en modas, anglicismos y más snobismos. Para comer, bollería, tostadas y sándwiches variados, fríos y calientes, que permiten matar el gusanillo sin caer en el dispendio que exigen, por ejemplo, otros establecimientos modernetes centrados en la oferta de desayuno.
@cafeiturralde #cafeiturralde #cafe #cafeteria #degustacion