Ayer visité el altar a Liam. Se sintió como el primer funeral al que fui en mi vida, supongo que en un sentido lo es.
Escribo esto con el mismo malestar de los últimos días. Sorpresivamente no me derrumbé al verlo, al llegar. Tal vez fue la negación en mi cabeza entrando nuevamente, tal vez fue el amor de toda la gente presente.
La verdad no tenía idea del pronóstico, no me importaba. Yo solo quería ir. Tuve la suerte de haber ido justo ayer, y poder formar parte del hermoso gesto de preparar el altar para que sobreviva la lluvia. Acomodamos las colinas de flores, protegimos los tomos de cartas y galerías de fotos. La vereda empapelada de más. Solo pude reír al escuchar que habían muchas cucharas y sacapuntas por ahí. Y sentir paz al cantar con desconocidos.
Dejé una parte de mí con él, algo que me hace sonreír. Una vela que soplé luego de hablarle y llorarle a él, una noche que justo se me cortó la luz, creo que fue al día siguiente. La verdad no pensaba ponerle ninguna vela en mi casa, no le veía el sentido. Pero cuando volvió la luz y la única vela que quedaba prendida era la que estaba en mi habitación, le di una oportunidad. No pude decirle más que lo mucho que lo amo y expresarle mi dolor. Intenté despedirme pero no me salía la palabra. Y ese poema espantoso que escribí llena de rabia y desentendimiento del por qué a todo esto, y seguramente no le haga exactamente bien a nadie leerlo, pero tampoco lo hace todo esto. Es que no puedo ver belleza en todo esto, solo negarlo o hablarlo con crudeza.
Pero fue lindo haber ido. Sentir la comunidad que siempre estuvo. Verles las caras, traducir el tamaño del altar en personas que también lo amaban como yo.
No me hizo ni peor ni mejor, y nada lo va hacer. Solamente el tiempo, en todo caso. Nada va a cambiar el hecho de que pasó lo que pasó. Pero eso ya lo dije en otro lado.
En fin, volveré ni bien consiga esas flores específicas que quiero darle. Aún sigo sin despedirme, así que seguiré yendo hasta poder hacerlo, por lo menos.
Dudo que un posteo en formato digital llegue al reino del más allá, pero tampoco creo que él no nos sienta, que no sepa del dolor nuestro. De alguna forma, yo sé que sí.