Existe una especie de certeza y serenidad en lo ecléctico, en la mezcla dispar. Su autenticidad y encanto brotan precisamente de su desmesura. Es una estética fiel a sí misma, sin necesidad de rendir cuentas a las ‘reglas del buen gusto’. Y viviendo en tiempos de barbarie, ¿acaso no es serenidad lo que deberíamos procurar crear?
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El tapete es diminuto, los cojines de asiento están mostrando el cierre y la mesa de centro queda tan separada que tienes que estirarte desde la profundidad del sofá para dejar la taza de café. Conforme a los principios del diseño, podría criticar este espacio de arriba abajo, pero honestamente, debo confesar que me inspira muchísimo. Han conseguido algo que trasciende las reglas: han creado un ambiente, una atmósfera. Llámalo ‘mood’ o ‘vibra’ si quieres.
Me fascinan los contrastes delicados entre los tonos de azul y amarillo; adoro cómo los textiles arrugados revelan su uso relajado, cómo el arte —y no una pantalla— gobierna el espacio, y cómo ese tazón rebosante de peras y manzanas invita, tentador, como un bodegón vivo.
Junto con el enjarre rústico, la bóveda catalana, y la chimenea sencilla, tenemos arquitectura e interiorismo que se encuentran sin pedirse permiso. Esta sala me recuerda a esos dibujos que los niños hacen en el kínder: la casa de dos aguas, dos ventanas, una puerta y una chimenea. Evoca lo fundamental del hogar imaginado y la belleza imperfecta del trazo infantil.
Lo más valioso que puede ofrecer un interiorista no es un espacio perfectamente manicurado, sino la experiencia del ser-en-el-mundo. Que comerte una manzana frente a la chimenea se convierta en un acto de dicha absoluta. Que el espacio sea el escenario envolvente de la vida cotidiana, para ser vivido, no solo contemplado.
Recordando el opening que hicimos el año pasado de Primera Madero, nuestra primera casa concepto, donde exploramos la identidad Mexicana a través de su cultura material, con su riqueza sincrética y su elegancia intrínseca.
Amo cuando la tierra es roja, tan roja como la sangre coagulada. El rojo es un color que alerta y polariza: para algunos es sensual, para otros vulgar; pero lo cierto es que siempre provoca una respuesta visceral. Confieso que durante años me negué a utilizarlo en mis interiores. Me parecía fastoso, grotesco e inquietante. Sin embargo, cuando me lo encuentro en la naturaleza, en sus matices más profundos y sus expresiones más intensas, me parece sublime.
Alain de Botton dice que el rojo evoca “la energía de la tierra y el pulso del planeta.” Es el color del fuego transformador, la representación de la coexistencia entre belleza y peligro; creación y destrucción. Es el color que nos vio nacer y que nos acompañará en nuestro último atardecer, un susurro antes de nuestra noche eterna. Me declaro fan del rojo.
- C.H.