Qué sonrisas tan preciosas.
Es imposible no mirarlas y pensar en la felicidad.
Pues sí, hay felicidad y hay uniformes nuevos, patadas a un balón que no está hecho de trapos, hay amigos, desayuno, comida y cena, tablas de multiplicar, disciplina, canciones, bailes, frustración, orgullo, lápices de colores, libros, zapatos, higiene, hay un “Good morning, teacher” cada día, hay dibujos, letras, sumar, restar, satisfacción, pilla- pilla, hay médico y hay enfermeras, fila india, comedor, pupitre, pizarra, risas, concentración, silencio, cuidado, preocupación, cariño, aburrimiento, imaginación, notas, logros.
Pero también hay miseria, mucha miseria, familias complicadas, enfermedad, pobreza, falta de recursos, sacos de arroz que hay que racionar, situaciones que un niño no debería vivir, injusticia, discriminación, una habitación para toda la familia, suelos de tierra, abuelas que son madres, madres que no pueden serlo, hay violencia, hay dejadez gubernamental.
Pero por encima de todo eso, detrás de esas sonrisas, lo que hay es una oportunidad. La oportunidad de poder cambiar sus vidas, de poder enfrentarse al mundo con el arma de la educación, la oportunidad de labrarse un futuro, la oportunidad de ser ellos y ellas los que puedan decidir por sí mismos. A esa oportunidad hay quien se agarra con todas sus fuerzas, quien se agarra, se cae y se vuelve a agarrar y quien lamentablemente no consigue agarrarse.
Y para eso está Tierra de Amani, para ser todas las oportunidades posibles, todas las que podamos abarcar, tantas oportunidades como nos ayudéis a ser.
Porque ¿qué menos que una oportunidad en la vida?
6 days ago