A veces me pongo a pensar en cómo cambian las cosas.
Aquí es normal que uno crezca y se vaya.
A estudiar, a trabajar, a buscar algo más grande. Y está bien.
Pero no te voy a mentir…
ver cómo uno a uno se van tus amigos sí pega duro.
El parche ya no es el mismo.
Las promesas de “volvemos pronto” se vuelven diciembre.
Y uno se queda… intentando hacer que aquí también pasen cosas.
Este corto nació de esa sensación.
De quedarse.
De ver cómo se van.
Y de seguir creyendo, aunque a veces se sienta solo.
Créditos a:
@angel_rios_1805@garzon_bdaniel@evelin_z08
Ojo al Sancocho fue un abrazo entre territorios.
Nos encontramos con procesos que nacen en los lugares más remotos y se sostienen por pura convicción, amor a la tierra y ganas de transformar el país.
En cada plato servido por doña Mari, en cada casa abierta para recibirnos con cariño, y en cada sonrisa compartida, comprendimos que el cine comunitario no solo se proyecta… se vive.
También honramos a quienes, desde hace años, han mantenido viva esta llama: comunidades que en lugares como Ciudad Bolívar, los Montes de María, el Caquetá, el Pacífico y tantos otros rincones han hecho del arte un acto de resistencia y esperanza.
Y hoy, son las juventudes quienes están tomando la batuta: creando, gestionando y soñando nuevos caminos para el cine comunitario.
En sus manos, la cámara se vuelve herramienta de memoria, resistencia y futuro.
Volvemos al Festival Güejari con el alma encendida, nuevas alianzas y la certeza de que el arte, cuando nace desde el territorio, tiene el poder de sanar y construir paz.
🎥 Que nunca falte el cine, la comunidad, ni las ganas de seguir contando nuestras historias.