Hace un año estaba tomándome un vermú con Lidia Toga en un bar de bollos de Madrid y lanzamos un deseo al aire: un fanzine "cutre" sobre lesbianas y apps.
Como necesitaba distraerme del agujero negro que sentía a raíz de la ruptura de la relación amorosa más bonita que he tenido jamás, al día siguiente abrí un drive. Empecé a escribir poseída, a reírme sola, a imaginarme escenas, llorar y vomitar. También realicé un intenso trabajo de campo (para documentarme y no por vicio, ¡no vayan ustedes a malpensar!). Durante tres meses recopilamos también experiencias de nuestras amigas y amantes, jugando a la complejísima magia de la autoficción. Encontramos a nuestra protagonista, Zorra, y le armamos un viaje personal, sexual y de curación. Lidia, que es una artista genial, convirtió los capítulos en ilustraciones e ideó mujeres increíbles con cabeza de animal.
Después de muchas tardes y mañanas y noches y fines de semana currando sin parar, lo tuvimos: "Como Comida", un fanzine sobre duelo, lesbianas y apps. Queríamos un fanzine cutre y nos quedaron más de cien páginas de narrativa e ilustración que tuvimos que recortar.
Sacamos una primera tirada, lo presentamos en la librería Mary Read y en la Juan Gallery y vendimos hasta el último ejemplar. Mucha gente se quedó sin su fanzine y, las que lo tenían, querían saber más. El éxito fue brutal.
De pronto, como en una película americana en la que te llama una discográfica después de escucharte cantando en un bar, nos llegó un colorido email de Sandra Cendal, la editora de una de mis editoriales favoritas (Continta me tienes).
Curramos como titanas seis mujeres durante semanas. Sandra, Marina, Marta, Lidia y Lucía (de la agencia editorial "La caprichosa"), ¡sois unas cracks!
Y hasta aquí hemos llegado:
Hoy el libro está disponible en la Mary Read y online. Y, en breve, lo podréis encontrar también en la librería de vuestro barrio, viváis en España, México o Uruguay.
No salgo de mi asombro. Está pasando. Aunque parezca un sueño, es real. Tengo el brazo ya morado porque cada dos minutos me tengo que pellizcar.
¡¡Muchísimas gracias a todxs lxs que nos habéis ayudado a llegar hasta aquí!!
😻
Corría el año 2015 cuando lei en voz alta un relato sobre mi familia en el taller de escritura creativa que llevaba Gloria Fernández Rozas en Fuentetaja. Me tembló la voz.
En 2016, gracias a un taller sobre novela familiar impartido por @madridesperiferia
descubrí a Delphine de Vigan. Me di cuenta de tres cosas: que necesitaba contarlo, que sería un proceso largo y que mi objetivo era «reconciliarme con mi familia».
En febrero de 2020, por mediación de @ptyniki me uní a un grupo de acompañamiento feminista a proyectos literarios liderado por @silvia__nanclares . Tuvimos una reunión presencial en Callao y llegó el confinamiento. Estando encerrada, con la ansiedad por las nubes y despertándome todos los días a las 5am, empecé a vomitar escenas.
Cuando nos dejaron salir de casa me topé con casi seiscientas páginas a las que tenía que dar forma. Recortarlas fue un suplicio. Creé un hilo argumental que las uniese y desdibujé la realidad y a las personas hasta trazar una historia con personalidad propia.
Además de a mi grupo de aguerridas escritoras, acudí a doce confidentes para que leyesen el manuscrito. El proceso de edición y corrección duró más de un año y fue tremendo. Estuve a punto de tirar la toalla muchas veces.
También pedí ayuda a @elojodepoe.editorial e Inmaculada Puché me dijo que estaba segura de que saldría publicada, que tuviera paciencia. Comencé el envío a editoriales. Aguanté la espera. Y entre medias apareció @agencia_la_caprichosa como otro trago de agua fresca.
La semana que viene, gracias a @editorial_egales , tendréis el fruto en librerías.
Muchísimas gracias a quienes me habéis acompañado. Y gracias a quienes con cariño os vais a adentrar en mi casa. Por favor, descalzaos al pasar, que acabo de barrer el suelo. Ahora mismo os preparo un té y nos tumbamos a charlar un rato.
«Carlota, cariño» es una novela sobre hacer las paces y ser feliz con lo que una tiene. Espero que la recibáis como lo que es: un abrazo rebosante de amor y sosiego. 🌿💚🫂
Hay flores que se marchitan sobre las sábanas. Relaciones que se enredan. Abortos vegetales metafóricos que te convierten en basurita digna para el compost. Y hay librazos, como este, que tienen la osadía y sencillez de unir las flores y el desamor.
Hay también una foto con mi cara y mi mono floral de San Isidro hecha por @torrezno_de_carabanchel
Y hay una persona que es personaje que es persona que es personaje, que soy yo, que es ella, que somos, que no somos, que íbamos y dejamos de ser, una historia que muta, que se transforma como un gusano en mariposa, una gardenia, un tulipán, un drama, una Rosalía, un yo qué sé.
En este libro tan precioso editado por @lbravovelasco está el relato más bonito y más desgarrador que he escrito jamás. Que nadie crea nunca que lo que cuento es Verdad. Quien me conoce sabe que siempre ando ficcionándome la vida. Pero el Dolor sí, el Dolor lo llevaba muy dentro. Y ya ha salido —menos mal— y ha caído sobre la tierra húmeda como esas flores que abortan las gardenias cuando se dan cuenta de que no tienen fuerzas para la «tan intrincada factura» que supone Florecer (en palabras de Emily Dickinson traducidas por @ave_o_eva para la ocasión, ¡mil veces gracias!).
Perfumosamente agradecida a @editorialdosbigotes y a @agencia_la_caprichosa por haber hecho que mi duelito esté ahí.
Y si me pongo romántica, ¿qué?
¿Y si te lleno de alhelís la boca? Estrenando manicura después de un lustro sin hacerlo introduzco trocitos de pulpo y calamares fritos entre esos dientes perlados que adornaste con diamantes para que refulgiera tu sonrisa.
Qué hortera, dije aquella otra tarde, cuando volvías del dentista. Perdona por no darme cuenta del milagro. Mira esta noche qué incendio: tu excentricidad brillante prendió fuego a mi camisa.
⭕️Candelabro y vajilla pintada con spray del Rastro Betel, tallos de Delphinium, un calamar del puesto B47-50 del Mercado Maravillas, Madrid.
✍🏻 Texto: Flor M. Yustas
@florangus@mdomaravillas
BODEGÓN
Suele percibirse el humo antes de que aparezca el fuego.
En Holanda, a principios del siglo XVII, tras resistir sucesivas epidemias de peste que se llevaron por delante a decenas de miles de holandeses, la población empezó a sentir el hedor del fin de la tregua de los doce años. Se aproximaba, implacable y reincidente, la guerra.
El mundo artístico enseguida se puso manos a la obra para aplacar el fuego. Los pinceles llenaron los lienzos de flores lanzando un mensaje directo: la belleza que os rodea es efímera, ¡estás atentos! Pese a que el bodegón ya hubiera sido un motivo pictórico durante la Antigüedad clásica y el Renacimiento, en este contexto tomó unos tintes nuevos, recrudeciéndose. Empezaron a surgir escenas de cocinas donde los fiambres aparecían expuestos, a punto de ser cocinados y masticados por dientes hambrientos. Nació el vanitas como subgénero. Flores marchitas, calaveras y relojes alertaron sobre la importancia de lo eterno y trascendental frente a la fragilidad de la vida.
En una situación de crisis como la que ahora vivimos, el arte estaba ahí, advirtiendo. Poniendo en alza la vida y la emergencia de cuidar todo lo precioso que aún tenemos.
⭕️ Fuente de vidrio del Rastro Betel, Alstromeria, Delphinium Bella Andes White, Astrantia Billion Star, Tanacetum Baya White.
✍🏻Texto: Flor M. Yustas @florangus
El carmín de mi abuela se ha pegado al cuerpo alargado del boquerón como si le hubiera plantado un beso.
Unas gotas de aceite escabechado se deslizan por sus dedos morenos y barnizan su sortija de oro, duplicada desde que murió el abuelo. Hay una servilleta graciasporsuvisita arrugándose en su palma que se vuelve transparente justo antes de que, con poderío, aquella de quien heredé los ojos, la catapulte al suelo.
⭕️Fuente de vidrio del Rastro Betel, tallo de Sanguisorba, un kilo de boquerones del puesto B47-50 del Mercado Maravillas, Madrid.
✍🏻 Texto: Flor M. Yustas
@florangus@mdomaravillas
RUPTURA
Decía el pensador francés Bataille que la sociedad actual nos fuerza a que cada acción tenga un objetivo, midiendo la valía de los seres humanos y las cosas en función de lo útiles que sean. Esta instrumentalización obligatoria de todo lo que somos y lo que nos rodea echa por tierra nuestra soberanía y nuestra capacidad de agencia sobre nuestras propias vidas, despojándonos de algo fundamental en la vida: el placer de ser sin objetivo. Saborear el momento sin mirar más allá del goce que produce el juego.
Por eso adoramos las sobremesas, esa costumbre tan nuestra de estirar el tiempo justo después de haber comido. No levantarnos de la mesa aunque ya no queden alimentos y los platos hayan quedado apilados en la cocina. Disfrutar de la conversación y la compañía con el estómago lleno, sin pasar a otra actividad en cadena, regodeándonos en lo que está ocurriendo.
Frente a un contexto que nos exige productividad y resultado, en Aequiseme adoramos la pausa y disfrutar de los detalles que nos ofrece el momento.
⭕️Copas y platos del Rastro Betel pintados con espray RV - 1021 amarillo claro, Gladiolo Milka, Ranúnculo Giallo Elegance, Delphinium Bella Andes White, Kenzan.
✍🏻Texto: Flor M. Yustas @florangus
Hoy comemos salmón, cariño. Saca la vajilla de la Cartuja, que está en el armario de arriba. Pon en agua las gloriosas, yo plancho el mantel de lino. Que luzca elegante la mesa ahora que en el patio está el jazmín florido. Que cuando nuestras amigas atraviesen la puerta, todo huela a flores y a limpio. Quizá nos cueste decirles en palabras cuánto las queremos —a no ser que corra el vino—, pero cuando se marchen, estaremos tranquilas porque esta casa ya se lo dijo.
⭕️Vajilla de la Cartuja, tallo de Gloriosa, dos kilos de salmón del puesto B47-50 del Mercado Maravillas, Madrid.
✍🏻 Texto: Flor M. Yustas
@florangus@cartujadesevilla@mdomaravillas
«Los muertos convierten a quienes quedan en fabricantes de relatos»
Vinciane Despret
Billy el año de la pandemia, cuando bajaba las escaleras por sí mismo, antes de que la demencia empezase a dibujar hormigas por el parqué. Seguro que allá donde esté agita la cola recordando esos tiempos en que las golden retriever se rendían a sus pies.
No necesito que los relatos de muerte tengan cohesión. La magia está en que Billy exista en otro plano o que ahora sus células sobrevuelen Madrid río en el vientre de una gaviota que se zampó sus tripas tras romper una bolsa de basura negra en Valdemingómez. A casa de mi madre llega el hedor del vertedero y ella se rasca la nariz y sin querer piensa en él. Su bello rubísimo probablemente forme parte del nido de unos mirlos. Quizá sobre sus restos reposen huevos turquesa que se abran ante la fuerza del pico de uno de los pájaros que mejor canta en Madrid. Y Billy también está aquí, en internet. La gente le recuerda. Gente que nunca le acarició.
Qué más se puede ser.
De cuántas formas distintas se puede seguir existiendo.
Nos volvemos a sentar en círculo para contarnos esas experiencias que da vergüenza compartir y que, sin embargo, muchas veces llenan de sentido y luz nuestros caminos.
Escríbeme si quieres participar ✨
(no es necesario haberse leído el libro, confía en que la aportación más importante ya está dentro de ti)
Gracias cósmicas por esta ilustración que ha regalado al proyecto la pintora y retratista @mariabisbalpardo
No nos íbamos a ir calladas.
Hagamos más y más ruido hasta que los que se tengan que ir sean ellos.
Esta vez nos fuimos bailando, sí. Pero la próxima vez ya veremos.
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Artículo completo en:
/cronica/vez-nos-vamos-bailando-desesperacion-resistencia-inquilina-frente-crisis-vivienda