Entre los materiales de COMALA he encontrado este video, hacía mucho tiempo que no lo miraba. Creé esta pieza a raiz de una pérdida. Cuando sucedía este video, ya habían pasado varios años y la pieza tenía su propia historia, estaba creciendo conmigo. Pero en aquella ocasión ocurrió algo extraordinario: todo el dolor, la rabia y la pureza de un sentimiento tan complejo como el luto aparecieron juntos en mi cuerpo, como si acabara de pasar. Y yo tenía el privilegio de poder bailarlo.
Lo recuerdo perfectamente: estaba furiosa. Pero también pensé: estoy aquí, en esta danza, y también ahí, todo al mismo tiempo, qué mágia este caos, qué regalo. La partitura y los pasos eran los de siempre, pero todo empezó a cobrar otro sentido.
Todavía recuerdo el respiro del público sentado a mi izquierda, esas personas que quieres y que han venido a verte bailar para sostenerte mientras te expones: entre ellos, también estaba José. Quién lo diría que ahora, en mi mente, José y Rino están juntos a saber tu dónde, y seguramente se ríen hasta caerse al suelo, o escuchan música “de la buena”, para citarlos), o le gritan a algún deportistas de esos que seguían como si fueran hijos suyos.
Esta obra me recuerda que las piezas que creamos no nos pertenecen, porque ya tienen su vida propria. No hablan de nosotros, sino, a través de nosotros. Y así, puede que quizás le hablen a otros. Con todo lo que sucede en el mundo, así es como me siento hoy. Porque al final me digo que la rabia, esa también, nace del amor.
Así es como esta obra iba por Rino, y ahora también va por José.
Gracias a los compañeros de
@nurovisuales por regalarme su mirada, y a
@soniagonzalez.elx por invitarme a bailar en La Molinera 🌱