Entre 2014 y 2015 hice Trap Dealer. En ese entonces, el trap o la “música urbana” en Chile no eran industria, ni tendencia, ni festival. Era una escena chica, desordenada y contracultural. A mí me parecía algo demasiado cool e irrepetible
En ese tiempo mucha gente no entendía la idea. Era difícil no cuestionarse cuando los comentarios en Instagram o YouTube eran siempre: “¿Y a quién le importan estos flaites?”.
Por eso, ver hoy a Pablo Chill-E rompiéndola en el Festival de Viña, llevándose gaviotas y el respeto de todo un país, se siente especial.
¿Extraño cuando el trap era pura contracultura y un secreto a voces? Sí, un poco. Se extraña esa energía sin filtro que no necesitaba permiso de nadie.
Pero me encanta ver al Pablo ahí, igual de real que cuando partió, conquistando los escenarios más grandes de Chile siendo él mismo, sin transar (o bueno, quizás un poco, porque todos tenemos derecho a madurar y cambiar).
Haber estado ahí cuando eran solo ellos, sin ruido alrededor ni industria encima… eso vale oro (o como 2 BTC en 2020).
Un abrazo gigante a toda la gente que estuvo detrás cuando esto se hacía con puro corazón: Pablo, Justin Fancy y tantos más. Aquí les dejo algunos videos de unos jovencitos @easykid , @shishibosspaulito@youngcister con su outfit de rulitos y tantos otros.
@norte.og el arte @chile_historico el video @ffncy pablo_dibujo
A todos los niñes los quiero mucho.
(Insertar aquí un texto súper irónico y filosófico, validando el humor de Morandé con Compañía, haciendo analogías a alguna charla de Slavoj Žižek digna para que la editorial Caja Negra quiera sacar un libro)