A la pequeña Martuki la conocí más tarde de lo que nos habría gustado a ambas, porque por alguna razón ella estaba en el A y yo en el B, aunque mi apellido empiece por A y el suyo por C. Cuestiones que nunca entenderé. Ella jugaba al fútbol y yo iba a natación. Ella era la novia de Koke y yo no. Pero, en algún momento, nuestros pupitres se encontraron.
A Domi le conocí en un botellón en Farmacia, uno de tantos en los que pasábamos el rato a la salida de clase. Aunque mi facultad estaba lejos y nada tenía que ver con lo que estudiaban ellos, el grupo de amigos era divertido y me lo pasaba pipa. Y dos de esos amigos acabaron oficiando la boda de estos dos seres de luz.
Creo que las fotos hablan por sí solas. Un día mágico, lleno de amor, muchas carcajadas y alguna que otra lágrima. Sois la pareja más resiliente que conozco, y me hace muy feliz ser vuestra amiga y haber podido formar parte de este día. Os merecéis todo lo bonito que os pueda pasar en la vida.
Y creo que esto solo puedo acabarlo dándole las gracias a nuestro coreógrafo particular @raul.kalu , que consiguió que pasara horas en mi casa ensayando para luego no dar pie con bola en un flashmob que se nos ocurrió, algo achispados, en Granada.
❤️❤️❤️❤️ @_martukituki_@alvaro__domi
No caben 12 años en 20 fotos. Ni siquiera he llegado tan lejos porque mi iCloud no me lo permite, pero igualmente serían demasiadas para resumirlas en un post. No son las mejores, pero son las que no se vieron: las del día a día. Las del café nada más llegar, los cumpleaños, las cervezas, las siestas improvisadas. Las fachadas —las benditas fachadas— y los monos de pintor que tanto odiábamos. Mañana este lugar será un supermercado o un Airbnb, porque en Madrid, vete tú a saber. Yo me quedo con las risas y los buenos momentos. Muchas historias, de múltiples desenlaces, comenzaron en este lugar que hoy dejamos. Permitidme que me ponga un poco ñoña porque, como un amigo dijo el otro día, “es un verano duro para los ‘empieis’”.
Gracias a quienes formaron parte de este espacio durante estos años: a los que vinieron de paso y a los que se quedaron; a los que ayudaron a crear, a levantar, a pintar, a exponer, a desmontar, a disfrutar. No sé lo que será mañana, pero sé que nunca fue un espacio sin alma.
Nos vemos en la próxima aventura, que ya tiene lugar, título y fecha de inauguración.
Julio es un mes en el que me suelo poner nostálgica, supongo que porque tiene ese aire de despedida, de fin de curso, de dispersión. Un momento en el que es difícil encontrarse en medio del bullicio de las vacaciones. Julio suena a canción de fin de temporada, de paréntesis, de nuevos comienzos (y que a veces dan mucho miedo).
Julio también era el mes de campamento. Durante quince días éramos críos asalvajados que repetíamos calcetines una y otra vez porque no encontrábamos los limpios, que nos duchábamos con agua fría en dos minutos para que todo el mundo pudiera hacerlo y nos daba igual; días en los que lo más interesante empezaba cuando ya se había escondido el sol. Donde nos creíamos los exploradores oficiales de la Sierra de Ávila. Ahí empezó todo lo que el pasado viernes acabó siendo celebrado. Porque María y Gon se pasaron el juego de la comedia romántica de Netflix, a otro nivel. Y las Musas nos vestimos de morado porque, como ya sabéis, es el color de la magia.
En julio también es el santo de mi madre, the real Karmela de Vallekas, y aunque ya no vivamos allí lo seguimos celebrando, fuera y dentro del barrio. Y el cumple de mi tío Alberto, pocos días después, soplando las velitas que este año repiten número.
Y en julio también es el cumple de Fabi, que este año sopló las velas por dos, porque Guillermo seguro que también puso de su parte. Y es que si en esta temporada que acaba hemos celebrado mil eventos, en la próxima temporada ni te cuento.
Escribo todo esto con Simple Song, de The Shins, sonando en mi cabeza. La misma que acompañaba a aquel grupo de amigos mientras se preparaban para una boda (la de Robin y Barney) y por fin conocíamos a la madre de los hijos de Ted. Y me pregunto qué nos tendrá preparado el guión de la próxima temporada.
O quizás solo sea julio haciendo de las suyas.
What I’ve learned recently is that sometimes terrifying things turn out to be a blessing in disguise.
At first, they shake you to your core, forcing you out of your comfort zone, challenging everything you thought you knew, and making you question your strength. But with time, perspective, and a bit of courage, you begin to see how those moments were necessary. They push you to grow, to change direction, to let go of what no longer (de)serves you, or to discover parts of yourself you didn’t know existed. What once felt like a breaking point can become the very moment that set you free.
So now, when life shakes the walls of what I know, I try to listen more closely. I try to trust that even in the darkest hours, something beautiful might be unfolding… quietly, patiently, just out of sight.
Even in my birthday 🫶